Es la foto del día, obra de Pedro Álvarez Tazón. Aquí, a los pies del Camino de la Isla, el agua aprende a pronunciar dos nombres a la vez. El Atlántico llega con su respiración profunda y salina; el Mediterráneo responde con una calma antigua, de luz domesticada. No se enfrentan: se reconocen. Se tocan junto a la orilla como viejos viajeros que, tras rodear medio mundo, por fin se dan la mano.
Tarifa tiene esas cosas, un lugar que muchos sueñan, el mapa el aquí se hace corpóreo, no sucede desde hace poco, son miles de años el lugar que ocupa un espacio propio en el imaginario colectivo de Europa.
Las piedras guardan memoria. Bajo estos pilares, el tiempo no corre: amarra. Fue puerto fenicio, fue promesa y despedida, fue mapa dibujado con estrellas y miedo. Cada ola trae un rumor de velas y mercaderes, de lenguas mezcladas, de dioses antiguos que aprendieron a convivir en la frontera. El mar aquí no separa; une. No termina; comienza.
Mirar este lugar es entender que los límites son una ilusión paciente. Que dos fuerzas inmensas pueden convivir sin perder su nombre. Que la leyenda no es pasado, sino presente persistente. Y que, cuando el sol roza el agua, el mundo entero parece inclinarse para escuchar cómo dos mares se cuentan el mismo secreto….si, en Tarifa…















