Para conocer a Dios has de ser mujer, receptiva para que el Universo te penetre. Osho.
Lunes, 9 de marzo.
Hace un par de años vino a este espacio una reflexión de Astiko, que hoy vuelve intacta: «La mujer ha luchado por sus derechos ante gobiernos y religiones patriarcales que la han mantenido sumisa y le han impedido sacar su fuerza masculina. Ahora, que en nuestra sociedad occidental, puede, lo que se ha liberado es su naturaleza masculina y lo femenino sigue agazapado en todas y en todos.» Sigue diciendo la maestra que «Ella ahora trabaja, tiene una sexualidad libre, es dueña de su economía, ostenta puestos de poder y liderazgo, es libre de estar o no en relación, de tener hijos, etc… y aún así, lo que se ha empoderado en ellas es su hombre interior que, al igual que el hombre que representa el patriarcado, no respeta su verdadera naturaleza femenina. No reconoce que es cíclica, no le da tiempo para sentir sus emociones. Exige que sea perfecta, impide sentirse vulnerable, que mueva sus caderas, que suelte la chancleta y que baile loca de alegría. Que tenga tiempo para ser el abrazo que acoge, que se deshaga en ternura, que acompañe a sus hijos, parándose en cada esquina a ver piedras y mariposas. Que se funda en el eterno ahora y se le vaya la noción del tiempo. Que escuche el latir de su corazón en su útero cuando está haciendo el amor.» Suscribo cada palabra, y además, que «Esa mujer todavía no está liberada ni tampoco el femenino dentro del hombre, que le da dulzura a su fuerza, pasión a su trabajo, compasión en sus negocios, que lidera desde el corazón, sabiendo que todos somos uno, que se para a descansar cuando está dentro de la vagina, permitiendo sentirse vulnerable frente a tan grande misterio. ¡No!, ese femenino no está liberado todavía, sigue agazapado esperando a tener espacio en cada uno de nosotros, en nuestras empresas y organizaciones, en nuestra agricultura, en nuestros colegios, en nuestra sexualidad y en nuestra intimidad.»
Hoy me rindo ante este femenino, lo vindico, lo muestro, lo encarno por siempre y lo expando, como los pájaros en bandada de Carmen Martín Gaite, como las cigüeñas y junto a ellas, a los cuatro vientos. Ahó!
De su ventana a la mía. Carmen Martín Gaite.
Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. En todos los claustros, cocinas, estrados y gabinetes de la literatura universal donde viven mujeres existe una ventana fundamental para la narración, de la misma manera que la suele haber también en los cuartos inhóspitos de hotel que pintó Edward Hopper y en las estancias embaldosadas de blanco y negro de los cuadros flamencos. Basta con eso para que se produzca a veces el prodigio: la mujer que leía una carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que sólo se sabe que está lejos, que no lo ha visto nadie y que acoge a todos los pájaros ateridos y audaces, brindándoles el terreno para que hagan su nido en él unos instantes.



2 respuestas
Es fantástico empezar así la semana, gracias Eugenia, muchos hoy exploraremos más nuestro femenino y estaremos atentos a vuestro masculino, gracias por exponerlo tan claro tan normal tan natural como simplemente es ,un abrazo enorme.
Qué belleza tus palabras y como expresan de forma tan magistral esa certeza que me habita desde hace tiempo. La necesidad de habitar lo femenino independientemente del género y desde ahí caminar y construir juntos, aportar un poco de cordura y compasión. a tanta sinrazón y sincorazón.
Bravo amiga. Gracias por esponjarme y conmoverme una vez más.