De repente me sentí muy frágil, así que no me moví, para evitar romperme. Byung-Chul Han
Lunes, dieciséis de marzo.
Acabo de descubrir a Byung-Chul Han y no puedo soltarlo: «Pienso y escribo rodeado de flores. Mis flores me protegen. Sin flores, no puedo pensar. Me esfuerzo en conseguir que mi pensamiento, igual que el de Claude Debussy, huela a flores. En ellas está la verdad». Yo escribo con las flores y sobre ellas, las contemplo con asombro, igual que a mis vecinas cigüeñas. Conversamos. Por supuesto en otra lengua, en poemas y en cantares aprendidos de memoria. En silencio. Igual que cuando converso con Dios. En francés ‘aprender de memoria’ se dice apprendre par cœur, ‘aprender de corazón’. La relación con mis orquídeas es desde mi corazón, igual que cuando rezo. Una vez escribí «Las últimas elecciones las ganaron los jacintos. No hubo urnas ni sufragio, fue por sucesión universal. Se alzaron los jacintos con la victoria, y las prímulas y las margaritas, el pueblo llano, entre las espigas, salió a la pradera a celebrarlo. Los narcisos y las magnolias abrieron paso. Las amapolas, presumidas, lucían sus mejores galas, y las rosas de colores claros se vistieron de flor de cerezo.» Hay rosas que parecen reproducir el estado de la vida redimida, dice Byung-Chul Han. Hoy puedo respirar eso. Es época de narcisos y de magnolias. Han florecido los almendros. El Paraíso siempre ha sido y será un jardín, nunca una casa ni un palacio ni una mansión ni un castillo. Quiero formar pensamientos como se forman acordes, palabras como pétalos de flores. Mostrarme y abrirme con la misma lentitud, con la misma verdad que ellas. Y despertar con el sol.
La tonalidad del pensamiento
Byung-Chul Han
Desde que trabajo en mi jardín, me invade un extraño sentimiento; un sentimiento que no conocía antes; un sentimiento que experimento de manera intensa, incluso en mi cuerpo. Es el sentimiento de la tierra. Me hace feliz. La tierra es sagradamente hermosa. Tal vez la tierra sea un sinónimo de esa felicidad que, sin embargo, hoy en día se aleja cada vez más de nosotros. Por eso, volver a la tierra significa volver a la felicidad. Hoy estamos abandonando el orden terrestre, el orden de la tierra, debido principalmente a la digitalización e informatización del mundo. Hemos dejado de percibir la fuerza de la tierra, que tanta vida y felicidad genera. En mi jardín siento, por encima de todo, una profunda paz, una fuerza profunda y redentora, trascendencia, majestuosidad. El jardín ha hecho que vuelva a ser muy creyente. En su momento pensé que la biología es una teología. Ahora pienso que Dios le ha regalado flores al ser humano para aliviar un poco su irrefrenable violencia.


