Lunes, veintitrés de marzo.
Apareció la primavera y el sol. Salí de mi retiro invernal sin querer, sin haberlo decidido, después de una petite mort carente de sexualidad que me dejó tumbada en la alfombra, y me llevó junto a Perra Gata Ratona a celebrar, con todo lo que trae, la vida. Empezamos por Byung Chul Han y terminamos con entrecot y un vino, reconociéndonos vulnerables, adultas, mayores camino de viejas, dando espacio a la corazonada al fin, en medio de esta neurosis social que busca la satisfacción inmediata, desde la escucha, la humildad y la alegría verdadera. También atardeció aquel día. Y volvió a salir el sol. En su Carta a los Romanos, san Pablo dijo «Cuando se ve lo que se espera, ya no se espera más: ¿acaso se podría esperar lo que se ve?». Conversé con mi querido Javier. Dejé de esperar de noche, y así creció la esperanza de todo lo que vino después: el paseo de la mañana, las vistas de la ciudad, el vermú al sol del murete con un par de gildas, un libro infiltrado en el CAB; Ariel Rot dos veces, saltarme por encima sólo una y darme cuenta; cenar con una oda a la clavícula y la fantasía de los botines de Chus. Ahó! Los almendros florecidos de Poza, meter los pies en el agua, llenarnos de barro, comer en la plaza al sol, otra vez al sol, siestear junto a las brujas. Silencio. «La modalidad de la esperanza es el aún no», dice el filósofo. Raíces bíblicas de Picasso sin juicio alguno, con asombro. Reconociendo al que por primera vez se atrevió.
Y hoy, lunes de nuevo, vela encendida. Después de todo, la confianza se hace en ese no haber, no hacer, no saber… y en ese paso a paso que los diablos habitan en el desierto de la madurez. La esperanza no depende del rumbo que toman las cosas. Por eso, bonita Laura, querida, sigamos, sencillamente, haciendo lo que tiene sentido para nosotras. La esperanza es una orientación del corazón, una dimensión del alma… y nos guía.
Bohemia junto al mar
Ingeborg Bachmann
¿Aquí son verdes las casas? Entro en una casa.
¿Están sanos los puentes? Voy por suelo firme.
¿Pérdida de tiempo es todo el tiempo? Con gusto lo pierdo.
Yo no soy tal, es uno, tan bueno como yo.
Una palabra se me acerca, la dejo aproximarse.
¿Bohemia sigue junto al mar? Creo en los mares otra vez.
¿Y aún creo en el mar? Igual confío en la tierra.
Yo soy eso, entonces un cualquiera, que es tanto como yo.
Para mí no quiero más. Quiero ir al fondo.
En el fondo, es decir hacia el mar, donde encuentro Bohemia otra vez.
Hundida, despierto tranquila.
Conozco ahora el fondo y no me pierdo
Vengan aquí bohemios todos, marineros, putas del puerto,
barcos sin anclar. Ilirios, veroneses, venecianos, ¿no quieren
ser bohemios? Interpreten las comedias que hacen reír
y las que son para llorar. Y fallen cien veces,
como yo lo hice y reprobé las pruebas,
pero sí las soporto, una y otra vez.
Así surgió Bohemia y en algún buen día,
junto al mar fue indultada, ahora yace junto al agua.
Me acerco a una palabra y a otra tierra,
me acerco un poco más, como poco también, a todo lo demás:
un vagabundo, un bohemio sin nada, que nada sostiene,
pero capaz, desde el mar en disputa, de ver la tierra que deseo elegir.



