La imagen vuelve a repetirse estos días en la carretera A-2325, la vía que conecta la N-340 con Paloma Baja y la zona de Punta Paloma, sepultada periódicamente por la arena que arrastra la duna móvil de Valdevaqueros cada vez que sopla fuerte el viento de levante. Es la foto del día.
Ayer por la tarde todavía permanecía un operario de Diputación en la zona controlando el acceso y no se permitía pasar a vehículos que no fueran de vecinos o residentes de Paloma Baja, una imagen que vuelve a reflejar hasta qué punto esta situación se ha convertido en habitual para quienes viven allí.
Los vecinos llevan décadas conviviendo con un problema que, lejos de solucionarse, parece haberse normalizado con el paso de los años. Desde tiempos del exalcalde Juan Andrés Gil se habla de alternativas, proyectos y posibles soluciones definitivas, pero la realidad sigue siendo la misma: máquinas retirando arena, cortes de tráfico y residentes pendientes del viento.
Las administraciones llevan años destinando cientos de miles de euros para despejar la carretera. Solo en 2016 la Junta llegó a invertir cerca de 450.000 euros en trabajos de retirada de arena, mientras que en campañas posteriores se han seguido adjudicando nuevas actuaciones para evitar que Paloma Baja quede aislada.
Y mientras tanto, la gran pregunta sigue flotando entre vecinos y visitantes:
¿por qué nunca se ha apostado por una solución estructural real?
Cada temporal devuelve el mismo debate. Algunos hablan desde hace años de túneles, desvíos o infraestructuras adaptadas al movimiento natural de la duna. Otros simplemente han terminado resignándose a una carretera que depende más del viento que de la planificación.
Porque en Tarifa hay problemas que no se solucionan.
Solo se aprenden a convivir con ellos.



