EL COMENTARIO DEL DIA
Susana Robles Pelayo
Todo muy cierto ! Pero esas mujeres que están de baja por esos años de gran esfuerzo y Constancia no han tenido ni invitación.Felicitaciones a ellas también.
La celebración del 115 aniversario de Conservera de Tarifa debería haber sido un momento de orgullo colectivo. No solo para una empresa, sino para todo un pueblo que ha crecido, trabajado y sentido como propia una marca que forma parte de su identidad. Sin embargo, lo vivido dista mucho de ese espíritu.
El relato oficial habla de institucionalidad, reconocimientos y respaldo público. Pero la realidad que percibe gran parte de la ciudadanía es otra muy distinta: la de un acto incompleto, marcado por ausencias difíciles de justificar y decisiones que no representan lo que esta efeméride significa.
Resulta especialmente llamativo que mujeres que han dedicado años de esfuerzo y constancia a la empresa —en algunos de los momentos más duros— no hayan sido siquiera invitadas. No es un detalle menor, es un símbolo. Y cuando en un aniversario de este calibre fallan los símbolos, falla el mensaje.
Tampoco se entiende que el pueblo de Tarifa, verdadero sostén emocional y social de la marca durante más de un siglo, haya quedado al margen en la difusión del evento. Limitar la cobertura a un único medio, se aleja por completo de lo que debería ser una celebración abierta, compartida y transparente.
Pero el malestar no nace solo del acto en sí, sino del contexto. La marcha de la empresa del municipio y el futuro del suelo que deja atrás añaden una carga difícil de ignorar. Puede ser una operación legal, pero eso no la convierte automáticamente en legítima a ojos de la ciudadanía, especialmente cuando se percibe como parte de un modelo que prioriza intereses particulares sobre el bien común.
Conservera de Tarifa no es solo una empresa. Es historia, es trabajo, es memoria colectiva. Por eso, una fecha como esta no podía limitarse a un acto institucional correcto pero vacío. Tarifa merecía algo más. Merecía reconocimiento real, inclusión y, sobre todo, respeto por lo que ha significado durante 115 años.
Porque cuando una historia es de todos, su celebración también debería serlo.



