No fue un atardecer cualquiera. El del pasado 18 de enero quedó inmortalizado por Natalia Queiruga en una fotografía titulada “No quería olvidar este atardecer”, convertida por méritos propios en nuestra imagen del día. Tienes el video en el interior de esta noticia.

Horas después, este diario publicó también un breve vídeo de aquel mismo instante mágico. Y la respuesta fue inmediata: la publicación alcanzó un récord histórico de “corazones” en nuestras redes sociales. Miles de lectores se detuvieron a contemplar ese cielo encendido, esa postal irrepetible que solo el final de la tarde es capaz de regalar.
Para quienes vivimos aquí todo el año —y para los que nos visitan— cada puesta de sol es un espectáculo cósmico, inefable y completamente gratuito. Un privilegio cotidiano que muchos se llevan grabado en la retina cuando regresan a sus ciudades, pensando en estas vistas mientras afrontan atascos en la M-30 de Madrid y el ritmo acelerado del día a día.
Ese contraste entre la calma del horizonte y el bullicio urbano es lo que hace únicos momentos como el captado por Natalia Queiruga. Un recordatorio de que la belleza está al alcance de todos, sin entradas ni reservas, simplemente mirando al cielo.
Y aquel 18 de enero, las redes lo confirmaron: hay atardeceres que merecen ser compartidos… y que nadie quiere olvidar.


