Sonrojo y constatación de ignorancia e incapacidad. Ese podría ser, el resumen del último vídeo que el área de Turismo ha pagado para promocionar Tarifa… y que probablemente usted ni siquiera ha visto, por algo será…
En Facebook tiene 5 «me gusta» en una página oficial de turismo con 470 seguidores, tras 40 años de turismo en Tarifa. «Camino a la excelencia» proclama. ¿No es bochornoso?
El problema aparece desde el primer segundo. El vídeo arranca con dos logos en blanco y negro, fríos e institucionales. En lugar de aprovechar el inicio para captar la atención, se sacrifica el gancho —el famoso hook— por puro protocolo administrativo. En un entorno digital saturado de contenido, este error es letal.
Los datos del propio sector audiovisual lo dejan claro: entre el 60 % y el 70 % de los usuarios abandonan un vídeo durante los tres primeros segundos si el inicio no resulta llamativo. La audiencia no se pierde al final. Se pierde al principio.
Y lo que viene después no mejora el rumbo, lógicas imágenes maravillosas (eso no se puede negar, vivimos en el paraíso) y un eslogan sin personalidad, “Una Tarifa para vivirla”, resulta tan genérico como vacío. Podría aplicarse a cualquier ciudad del mundo. Y ese es precisamente el problema: Tarifa no es cualquier ciudad. Es un lugar con una identidad potente, única, reconocible. Reducirla a una frase intercambiable demuestra no haber entendido qué se está intentando vender.
El vídeo continúa con frases planas, sin relato ni locución que articule una historia. No hay narrativa que seduzca, ni emoción que conecte con quien lo ve. Todo parece más cercano al cumplimiento político de “hacer algo” que a una verdadera estrategia de promoción turística.
La música es bonita, sí. Pero también irrelevante e ininteligible. No construye recuerdo, no genera deseo y no aporta personalidad a la pieza.
Y el colofón es quizá lo más revelador de todo. En Instagram, la principal red de difusión mundial para este tipo de contenidos, los logos aparecen cortados en pantalla. Un error —con H mayúscula— que evidencia una falta básica de atención y control sobre el formato final.
No es una cuestión de gustos ni de criterios creativos. Es una cuestión de respeto a la imagen de Tarifa.
Porque cuando ni siquiera se comprueba cómo se verá el vídeo en el principal canal de difusión, el mensaje implícito es demoledor: da igual cómo salga. Y si da igual cómo sale, entonces también parece dar igual lo que representa. Esto duele sin medida al que «paga el pato», levantar la persiana todo el año en Tarifa es un acto de fe.
Tarifa no es un folleto cualquiera ni un destino menor, un lugar con una marca natural construida durante décadas gracias a su paisaje, su cultura y su proyección internacional.
Por eso, el verdadero problema no es un vídeo mal planteado. El verdadero problema es poner al frente de algo tan valioso a quien ni siquiera entiende cómo funciona el escaparate en el que debe mostrarse. Sus últimas declaraciones en FIO, «descubriendo la pólvora», han desatado mi indignación y estas líneas tras años de silencio. Esto no es justo para Tarifa.
Porque cuando la joya de la corona se deja en manos de quien no sabe reconocer su valor, lo que se pone en riesgo no es solo una campaña. Se pone en riesgo la imagen de todo un destino, tal y como han demostrado también los empresarios responsables de la campaña de «Bono Tarifa Más cerca», si los propios empresarios maltratan su imagen así, no podemos pedirle más a Benítez…vamos muy muy mal, esto llega al bochorno.


