La indignación crece entre vecinos del centro histórico de Tarifa tras la «poda» con motosierra de una planta ornamental, realizada bajo el argumento de la seguridad. Las imágenes hablan por sí solas: donde antes había verde, sombra y carácter, hoy queda un tronco mutilado y una pared desnuda y desconchada.
“Se volcó un poco y, en vez de fijarla con una cuerda o un alambre, motosierra al canto. Es lo más cómodo, pero también lo más destructivo”, lamentan los residentes. La exuberante planta, explican, no suponía un riesgo real y su estabilización era sencilla. “Daba vida y personalidad a este rincón y a la entrada de la iglesia. Ahora tenemos una calle mucho menos bonita”.
Los vecinos aseguran que ya se han presentado denuncias ante la Policía por actuaciones previas similares en la zona, caracterizadas por «podas-talas» excesivas que arrasan con la vegetación en lugar de cuidarla. “Siempre la misma solución: cortar. Así se empobrece el barrio”, critican.
El malestar va más allá de un ejemplar vegetal. “Esto es la tala de la belleza como política cotidiana”, resumen. “Hemos pasado de la estampa de una plaza con encanto a la imagen de un camping abandonado”. El barrio está enfadado y lanza una pregunta que resuena entre las paredes encaladas: ¿por qué nadie se preocupa por ver Tarifa bonita?
Para los vecinos, la reflexión es urgente: cuidar la seguridad no debería implicar renunciar al cuidado del paisaje urbano. Porque cuando se corta sin pensar, no solo cae una planta; se pierde identidad.


