La noche del Jueves Santo volvió a dejar en Tarifa una de las imágenes más sobrecogedoras de su Semana Santa con la celebración del tradicional Santo Encuentro, un momento cargado de simbolismo que congregó a numerosos vecinos y visitantes en el casco histórico.
La salida de María Santísima de la Paz desde la iglesia de San Francisco marcó el inicio de una procesión especialmente emotiva. Nada más cruzar el umbral del templo y alcanzar la plaza del Ángel, los aplausos y vítores no se hicieron esperar, en una muestra de devoción que acompañó a la imagen durante todo su recorrido en busca de su hijo, Nuestro Padre Jesús Nazareno.
El cortejo, integrado por nazarenos, acólitos y mantillas, avanzó por las estrechas calles del centro hasta llegar a la emblemática Calzada de Sancho IV el Bravo, escenario del esperado encuentro entre ambas imágenes a las puertas de San Mateo. Este enclave, uno de los más representativos de la ciudad, volvió a convertirse en el corazón de una estampa de gran fuerza iconográfica y profundo arraigo en la tradición local.
La Virgen de la Paz desfiló bajo palio de terciopelo rojo y con un delicado exorno floral en tonos crudos, acompañada musicalmente por la Asociación Musical Pintor Manuel Reiné de Tarifa. Por su parte, Nuestro Padre Jesús Nazareno contó con los sones de la Agrupación Musical Santiago y Santa Ana de Algodonales, aportando solemnidad al momento del encuentro.
Más allá de la emoción del presente, esta tradición hunde sus raíces en la historia de la ciudad. La cofradía de Jesús Nazareno se remonta al año 1643, cuando fue fundada en la antigua ermita de Santiago. A lo largo de los siglos, la hermandad ha atravesado distintas etapas de esplendor y dificultad, hasta su reorganización definitiva en 1863.
Una vez más, el Santo Encuentro reafirma su condición como uno de los actos más esperados y representativos de la Semana Santa tarifeña, donde la fe, la historia y la identidad local se funden en una noche inolvidable.



