En Tarifa, el problema del urbanismo ya no es solo administrativo: es un problema de liderazgo político. Cuando durante años no se toman decisiones claras, no se planifica con valentía y se deja que los conflictos se eternicen, se genera algo devastador para cualquier economía local: inseguridad jurídica. Y cuando un empresario no sabe a qué atenerse, deja de invertir, paraliza proyectos o directamente se marcha.
Lo más preocupante es que esta situación termina señalando a quien no corresponde. Los funcionarios y técnicos hacen su trabajo, aplican informes y cumplen la normativa guste más o menos. La solución no está en culpar al empleado público, sino en que exista una dirección política capaz de ordenar, actualizar y desbloquear un modelo urbanístico agotado desde hace demasiados años.
Tarifa no puede seguir perdiendo millones de euros, oportunidades de empleo y proyectos de calidad por una gestión urbanística débil e improvisada. Porque detrás de cada inversión que no llega, de cada negocio que se paraliza y de cada licencia que se enquista, hay una ciudad que pierde competitividad y futuro.
La solución es política. Y lo peor que le puede pasar a un municipio no es tener problemas, sino acostumbrarse a convivir con ellos sin que nadie los resuelva. Es el comentario del día.
Noticia comentada




Un comentario
Pasaros por la calle san francisco preguntar a los pocos tarifeños a ver qué opinan