Hay premios que reconocen trayectorias. Otros celebran éxitos. Y algunos sirven para recordar quién sostiene de verdad el alma de las cosas. La batucada Levantuka recibió el reconocimiento «Parte de la Historia» de la Atún Experience FCAT, una distinción reservada para quienes, muchas veces desde un segundo plano, han contribuido a que el Festival de Cine Africano de Tarifa sea mucho más que una programación cultural. A que sea una experiencia colectiva. Una celebración compartida. Un pedazo de ciudad latiendo al mismo ritmo.
Hoy posan con su merecido trofeo y son la foto del día. Lo hacen en su local de ensayo, no sobre un escenario o bajo focos o alfombras rojas. Están donde ocurre todo lo importante: entre tambores, baquetas, risas, esfuerzo y horas de dedicación anónima a pie de calle.

Porque si algo representa Levantuka es precisamente eso, pueblo, la cultura que no se compra, la participación que suma sin preguntar, la implicación que nace porque sí.
Han puesto ritmo a las calles cuando el festival comenzaba a desplegar su magia. Han anunciado que la ciudad estaba de celebración. Han el centro en un escenario improvisado a pie de calle y donde vecinos y visitantes compartían algo tan sencillo y tan poderoso como dejarse llevar por la música. Sin buscar protagonismo, sin pedir nada a cambio.
Simplemente porque entendieron hace mucho tiempo que Tarifa también se construye desde la participación.
Quizá por eso este reconocimiento tiene un valor especial. Porque no premia una actuación concreta ni una edición determinada. Premia años de presencia, de generosidad y alegría compartida.
En tiempos donde casi todo parece medirse en cifras, impactos o rentabilidad, Levantuka recuerda que existen otras formas de riqueza. La de quienes regalan su tiempo para hacer más bonita la vida de los demás. La de quienes convierten la cultura en convivencia. La de quienes ayudan a que un pueblo se reconozca a sí mismo cuando escucha sonar los primeros tambores.
Por eso el premio se llama «Parte de la Historia», porque hay personas que pasan por los acontecimientos y otras que los hacen posibles.
Y porque donde todavía hay vecinos reuniéndose para ensayar después del trabajo, donde todavía hay tambores sonando por pura ilusión y donde todavía hay gente dispuesta a llenar de vida las calles sin esperar nada a cambio, sigue latiendo algo esencial.
Sigue latiendo Tarifa. Gracias



