No fue una queja en redes sociales, no fue una carta al Ayuntamiento, ni una reclamación formal. Fue una frase pronunciada esta mañana por un matrimonio francés, al volante de un enorme todoterreno, con destino a Tánger.
—»Disculpe… vamos para Tánger y tenemos que aparcar. ¿Sabe de algún parking, aunque sea pagando?»
La pregunta era tan sencilla como imposible de responder, porque hoy, como tantos otros días de verano, en Tarifa no había dónde aparcar.
Les indiqué con empatía y las pocas opciones que conocía, con la sensación de que llegaban tarde y de que probablemente perderían su ferry.Ellos no tienen ninguna culpa.
Han comprado su billete. Han elegido Tarifa como puerta de entrada a África. Han llegado con tiempo. Y, sin embargo, el único recuerdo que se llevan de la ciudad es la desesperación de dar vueltas buscando un aparcamiento que no existe.
Mientras tanto, las administraciones hablan de dispositivos, estadísticas y normalidad en la Operación Paso del Estrecho. Pero la normalidad de Tarifa es otra.
Es ver cómo una ciudad de apenas 18.000 habitantes soporta, verano tras verano, una presión para la que nunca termina de prepararse.
Porque Tarifa parece haberse convertido, para algunos organismos, en una simple palabra dentro de un mapa logístico.
Y se olvida que detrás hay una ciudad, unos vecinos, unos comercios y miles de personas que llegan con la ilusión de cruzar el Estrecho y se encuentran con un problema tan básico como aparcar el coche, el mismo que todos los vecinos y turistas.
Quizá el comentario del día no fuera solo la pregunta de ese matrimonio francés, quizá la verdadera pregunta sea otra:
¿Quién está defendiendo los intereses de Tarifa cuando todos deciden sobre Tarifa?
Porque para eso también se elige a quienes representan a esta ciudad, y mientras esa respuesta no llegue, seguiremos escuchando, cada verano, la misma frase:
«Disculpe… ¿sabe dónde podemos aparcar?»




2 respuestas
Después de un día largo de trabajar llego a mi Tarifa y doy vueltas para una hora y 15 minutos para aparcar…
Si se van al final del Retiro allí donde Cristo perdió la inocencia hay un montón de coches marroquíes y como no va ni la policía pues aparcan como quieren y no se puede pasar.