Maricarmen y el destierro de los tarifeños. Por Alberto López

Hay imágenes que deberían avergonzarnos. No porque sean extraordinarias, sino precisamente porque revelan hasta dónde hemos llegado.

Ayer, Maricarmen, una mujer de 87 años que llevaba más de siete décadas viviendo en la misma casa de Madrid, salió de ella en una camilla. El desahucio se ejecutó. Había vivido allí desde 1956. Allí estaban sus recuerdos, su familia, su vida. No voy a entrar aquí en los procedimientos judiciales, ni en quién tiene razón según un contrato o una sentencia, porque hay momentos en los que una sociedad debería ser capaz de levantar la mirada de los papeles y preguntarse algo mucho más sencillo: ¿En qué momento dejamos de ser capaces de proteger a una persona?

Y mientras vemos las imágenes de Maricarmen, yo no puedo dejar de pensar en Tarifa, porque aquí tenemos nuestro propio desahucio silencioso. No sucede necesariamente con una comisión judicial llamando a una puerta, sucede cada verano, sucede cuando una familia de Tarifa descubre que la vivienda en la que vive durante el año vale mucho más alquilada durante unas semanas, sucede cuando llega junio y empieza la pregunta: “¿Y nosotros dónde vamos a vivir este verano?”.

Sucede cuando una familia tiene que hacer las maletas, buscar casa en otro municipio, irse con los abuelos, compartir vivienda o sencillamente desaparecer durante los meses en los que su pueblo se convierte en uno de los destinos turísticos más deseados de España. No los echa una orden judicial, los echa el precio. y quizá deberíamos empezar a llamar a las cosas por su nombre: eso también es una forma de destierro.

Tarifa corre el riesgo de convertirse en un lugar al que todo el mundo quiere venir, pero en el que cada vez resulta más difícil quedarse.Y ese es el verdadero problema.

Porque una ciudad no puede medirse solamente por cuántos visitantes recibe, cuántas camas turísticas tiene, cuánto consume cada turista o cuánto vale un apartamento en agosto.Una ciudad también debería medirse por algo mucho menos rentable: por cuántas de sus familias pueden seguir viviendo en ella.

Podemos llenar Tarifa de terrazas, apartamentos, restaurantes, experiencias, eventos y visitantes.Podemos convertir cada rincón en una fotografía, pero si expulsamos a quienes viven aquí todo el año, ¿qué estamos construyendo? ¿Una ciudad? ¿O un decorado?

El caso de Maricarmen debería hacernos pensar precisamente por eso, porque lo verdaderamente terrible no es solamente que una mujer de 87 años haya acabado en una camilla después de ser expulsada de la casa donde vivió durante 70 años. Lo terrible es que, cuando una situación así ocurre, todos encontramos una explicación. La le, el contrato, la propiedad, el mercado, los vecinos que hacen negocio con un bien de primera necesidad sin necesidad, la administración, la competencia, la falta de recursos, la responsabilidad de unos u otros.

Todo puede ser cierto, pero cuando terminamos de explicarlo todo, Maricarmen sigue fuera de su casa y esa es la cuestión que deberíamos trasladarnos a Tarifa. Porque aquí tampoco podemos seguir explicándolo todo mientras las familias desaparecen durante el verano. No basta con decir que Tarifa tiene un problema de vivienda. No basta con lamentarnos cuando llega septiembre.
No basta con hacer una mesa de trabajo.No basta con organizar una jornada.No basta con publicar una nota de prensa.No basta con decir que “hay que buscar soluciones”.

Hay que actuar.

Y actuar significa aceptar que la vivienda habitual de quienes viven y trabajan en Tarifa durante todo el año tiene que tener una protección y una consideración diferente de la vivienda concebida exclusivamente como producto turístico. Significa que no te calles, que compartas esto, que lo comentes en el bar y con amigos, significa conocer cuántas familias sufren reamente esta situación, significa saber cuántas viviendas se destinan a alquiler residencial y cuántas a alquiler turístico o temporal, significa poner números encima de la mesa, significa estudiar medidas concretas, significa aumentar la vivienda disponible para residentes, significa que todas las administraciones implicadas se sienten juntas, significa que empresarios, propietarios, vecinos, asociaciones y Ayuntamiento dejen de mirarse unos a otros esperando que el problema lo resuelva el de enfrente. Y significa algo todavía más importante:dejar de considerar normal lo que no debería ser normal.

Porque quizá el día que nos parezca normal que una familia de Tarifa tenga que abandonar Tarifa cada verano para poder vivir, ya habremos perdido algo que vale mucho más que cualquier temporada turística. Habremos perdido la ciudad.

Maricarmen tenía 87 años. No necesitaba una explicación sobre el funcionamiento del mercado inmobiliario. Necesitaba poder seguir viviendo en su casa.

Y quizá esa sea la pregunta que deberíamos hacernos aquí: ¿qué necesita una familia de Tarifa para poder seguir viviendo en Tarifa? Si la respuesta es “irse en verano”, tenemos un problema. Si la respuesta es “no puede permitírselo”, tenemos un problema. Si la respuesta es “es lo que hay”, entonces tenemos algo todavía peor. Tenemos un problema que hemos decidido aceptar. Y una sociedad empieza a fracasar no cuando aparecen los problemas.

Porque Tarifa no puede convertirse en un lugar donde caben todos durante tres meses…menos quienes viven aquí.

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