Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, también en el mundo rural. Por Fabián Prieto De la calle

No sé cómo definir un día así. ¿Se celebra el día de…? no hay nada que celebrar. Que haya un día en el calendario como este, indica que queda mucho por hacer en educación. Pero los datos en las zonas rurales, son todavía más preocupantes y Tarifa cuenta con pedanías y pueblos pequeños a su alrededor, que sufren esta lacra.

Existe esa connivencia de maltratador y pueblo que se calla y mira a otro lado. Pervive esa idea arcaica de mantener el silencio, por el qué dirán. Como si la mujer que lo sufre, además, se tuviese que avergonzar por sufrirlo. Según el primer estudio sobre violencia de género en el medio rural de nuestro país del 2020, 15 de las 41 mujeres que fueron asesinadas, vivían en poblaciones de menos de 20.000 habitantes. Esos números nos tiene que hacer pensar.

Pero el problema no acaba ahí. Cada día, hay mujeres que sufren un maltrato que no deja marcas en la piel, pero las deja más dolorosas si caben. Las dejan en el alma. Desde insultos a humillaciones. De comentarios despectivos, a perpetuar con los propios hijos, el comportamiento que infravalora a la mujer.

Si tuviésemos el tiempo o estuviésemos dispuestos a tenerlo, para escuchar a esas mujeres que necesitan contar, descubriríamos que hay más de las que pensamos y que ni siquiera ellas son conscientes. Veríamos que lo han interiorizado tanto, que un desprecio, lo asimilan como algo normal en su relación. Que llegar cansada de trabajar, no la exime de tener que hacer de comer y limpiar, por el mero hecho de ser la ¨mujer¨ de la casa. Como si el cansancio de la pareja fuese sagrado y el de ella no.
El maltrato, también viene cuando se ningunea la capacidad de hacer las cosas solas, de terminarle las frases, de mandarla a callar ¨porque tú de esto no entiendes» y todas esas herencias que con el tiempo no hemos dejado atrás.

Hace poco me contaban que se había realizado unas actividades en un colegio para educar en la igualdad y que un niño de 4 años, se había negado a hacer la cama porque, ¨eso lo hacen las chicas, no los chicos¨. Si los niños de esa edad responden así, es señal de que su entorno piensa igual.

Porque el maltrato en zona rural, no va de señoras mayores que lo han vivido de siempre. Va también de mujeres jóvenes, profesionales y modernas, que no pueden contar lo que viven en la intimidad, por la presión de su familia para guardar silencio o que simplemente, el miedo las paraliza por sentirse solas para afrontar un paso y liberarse de esa vida.

Según los datos de la Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer, en el año 2021, el porcentaje de mujeres que verbalizan el maltrato que reciben por parte de sus parejas o exparejas disminuye en función del tamaño del municipio en el que viven: el 83,3% en las mujeres que viven en municipios de más de 100.000 habitantes; un 78,5% en municipios de entre 10.000 y 2.001 habitantes, mientras que en los municipios de menos de 2.000 solo han denunciado el 66,9% de las víctimas.

Por todo esto, si somos consciente de que una mujer está sufriendo maltrato físico y sobre todo psicológico, que es el que cuesta más reconocer incluso a la propia víctima, no te calles. El silencio de todo aquel que rodea a una víctima de violencia de género, lo convierte en cómplice y responsable. Cuanto más pequeña sea la sociedad en la que suceda, más fuerte tiene que ser el grito de ayuda y más implacable contra el agresor.

Ojalá un año, no exista un día como el de hoy. Que la mujer se sienta libre y además, lo sea de verdad.

 

 

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