«Nuestro caladero está impracticable: El volumen de captura ha bajado en muchas especies el 90%»

En una entrevista realizada por la periodista  Maite Méndez para el Instituto de Biotecnología y Desarrollo Azul, el representante andaluz de FENAPA comenta cómo el alga Rugulopteryx Okamurae está dejando «sin vida» los fondos marinos de la zona del Estrecho, disminuyendo el número de especies y por tanto afectando al sector pesquero de la región.

«Seguimos soportando unas pérdidas muy difíciles de calcular ya que tenemos a media flota teniendo que transportar la mercancía a otros puertos y la otra restante haciendo largas travesías para poder o intentar al menos poder hacer su trabajo, debido a que nuestro caladero está impracticable. Todo esto conlleva largas horas de trabajo, gastos de gasoil, mayor esfuerzo de motores, etc», comenta Jose Manuel Dávila, armador de Barbate de un barco de pesca artesanal y representante de la Federación Nacional de Pesca Artesanal, FENAPA, cuando se le pregunta acerca de los efectos de la invasión del alga Rugulopteryx Okumurae (RO) en el área comprendida entre Algeciras y Barbate.
El representante andaluz de pesca artesanal, se lamenta alarmado de los datos registrados acerca de la disminución del número de especies marinas (algunas de ellas al borde de la desaparicion en la zona), tal y como muestra la tabla en la imagen adjunta. Tan solo el atún, parece ser la únca especie aún no afectada por este alga. «La reducción del volumen de pesca en la zona se debe tanto a la reducción de especies como a la de los fondos marinos que carecen de vida».
Pero no sólo eso, «el alga RO «ha cambiado la forma de pesca, no podemos usar los artes como antes ya que se rompen. Al transportar las algas, cuando las corrientes son fuertes es mejor ni si quiera salir a pescar!», lamenta. La aparición masiva del alga ha supuesto para los pescadores artesanales roturas de redes y aparejos, especialmente en la zona del Estrecho debido a las fuertes corrientes.
«Esto nos obliga a veces a ir a otros puertos como, por ejemplo, el de Cabo Rosas en adelante, donde parece que hay menos algas y por tanto menos fondos arenosos». «Casi todos los barcos vamos allí, pero esto supone más gasto y horas de trabajo. Pero no sólo esto, también menos oportunidades de pesca, ya que donde antes había 20 barcos ahora hay 80, con lo que estamos acabando con las especies en la zona»…
Dávila muestra su falta de optimismo ante la situación: «Esto es una catástrofe medioambiental muy grande y también para el sector pesquero y personalmente no le veo que tenga mucha solución».

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