EL COMENTARIO DEL DIA
Por María Caballero
Se acabó…Se acabó el tiempo de los anuncios, de las fotos sobre solares vacíos, de las promesas que siempre empiezan con entusiasmo y terminan en silencio. Lo que está ocurriendo con el proyecto de viviendas protegidas en Extramuros no es solo un retraso más. Es el síntoma de una forma de hacer las cosas que en Tarifa empieza a cansar incluso a quienes siempre han tenido paciencia.
Las 59 VPO anunciadas como una oportunidad histórica para facilitar vivienda a familias del municipio se presentaron como un proyecto urgente, imprescindible, casi inaplazable. Tan urgente que se derribó la antigua Escuela del Congo deprisa y corriendo, dejando sin sede a asociaciones sanitarias que llevaban años atendiendo a personas con enfermedades crónicas.
Se les pidió comprensión. Se les dijo que era necesario. Que había que correr porque había plazos. Que había fondos europeos en juego.
Hoy el solar sigue siendo un solar.
Y el miedo ahora es otro: perder millones de euros de financiación europea por no llegar a tiempo.
La pregunta es inevitable.
Si había tanta prisa para derribar, ¿por qué no la hubo para planificar?
Los fondos Next Generation no son un cheque en blanco. Tienen fechas, condiciones y exigencias técnicas. Y cualquiera que haya visto cómo se ha desarrollado este proyecto sabe que los tiempos no cuadran. Si el movimiento de tierras empezó a finales de diciembre de 2025, pensar que se pueden terminar las viviendas dentro de plazo roza más el deseo que la realidad. Incluso con prórrogas, el margen es mínimo. Y cuando el margen es mínimo, el riesgo es máximo.
Y mientras tanto, la ciudad pierde cosas por el camino.
Pierde servicios, como el que prestaban las asociaciones que se quedaron sin sede.
Pierde confianza, porque cada proyecto que se retrasa erosiona la credibilidad del siguiente.
Pierde identidad, porque Tarifa empieza a acostumbrarse a ver cómo lo que funciona desaparece antes de que lo nuevo exista.
Nadie discute que Tarifa necesita vivienda asequible.
Nadie discute que hay que aprovechar los fondos europeos.
Nadie discute que hay que construir.
Lo que sí empieza a discutirse —y cada vez más— es cómo se está haciendo.
Porque no se puede pedir sacrificios a la gente para proyectos que luego se tambalean.
No se puede desalojar a asociaciones para obras que no llegan.
No se puede hablar de urgencia cuando los plazos se escapan entre los dedos.
Tarifa no necesita más anuncios.
Necesita que lo que se promete se haga.
Y que lo que se derriba tenga, al menos, algo real que lo sustituya.
Porque cuando una ciudad empieza a perder tiempo, dinero y confianza al mismo tiempo, ya no es un retraso.
Es una señal.
Y muchos vecinos empiezan a pensar que en Tarifa, con demasiadas cosas, se acabó el tiempo de creer sin ver.
NOTICIA COMENTADA
Encuesta: ¿Cómo cree que Tarifa está gestionando sus servicios públicos?



Un comentario
Para salir en fotos si vale el tío , pero para gestionar el Pueblo no vale ni pa estar escondido …
Eso si para ir a eventos es el número uno en ir…