El estado de los servicios públicos es una de las cuestiones que más influye en la vida cotidiana de los vecinos. Con el objetivo de conocer la percepción ciudadana sobre este aspecto, lanzamos una nueva encuesta abierta a nuestros lectores: ¿Cómo cree que Tarifa está gestionando sus servicios públicos?
La consulta propone varias opciones de valoración, desde una gestión “muy buena” hasta la percepción de que los servicios están empeorando. La iniciativa busca recoger una fotografía general de la opinión pública sobre el funcionamiento de servicios esenciales en el municipio.
Además de votar, los lectores pueden participar en el debate dejando su opinión en los comentarios y respondiendo a una pregunta clave: ¿Qué servicio cree que debería mejorarse primero en Tarifa?.
Claves de la encuesta
El sistema solo admite un voto por ordenador o teléfono.
Se puede votar de manera anónima o registrándose como usuario.
Los resultados se harán públicos cuando se alcance la cifra que consideramos con margen de error mínimo aceptable.
Esta encuesta es únicamente una estimación de voto basada en la audiencia de este diario.
Con esta iniciativa queremos tomar el pulso a la actualidad política local y conocer mejor la opinión de quienes nos leen cada día.




7 respuestas
No estamos a la altura que nuestra ciudadanía se merece, tenemos cuatro años perdidos más dos de la próxima legislatura por falta de proyectos e inoperancia de los que hoy dicen nos gobiernan. La gestión de los servicios básicos no está ni de lejos a la altura de la gestión de aquellos que echamos hace unos tres años
Donde no hay patrón manda marinero.
La política en Tarifa cuando un concejal o dos concejales son los que mandan sobre 17. Que es lo que se puede esperar, ¿ pues que casi nada funcione?. Y dicen ser servidores públicos, trincar, trincar y si no trinco no hay nada de nada.
Ji
Se acabó…Se acabó el tiempo de los anuncios, de las fotos sobre solares vacíos, de las promesas que siempre empiezan con entusiasmo y terminan en silencio. Lo que está ocurriendo con el proyecto de viviendas protegidas en Extramuros no es solo un retraso más. Es el síntoma de una forma de hacer las cosas que en Tarifa empieza a cansar incluso a quienes siempre han tenido paciencia.
Las 59 VPO anunciadas como una oportunidad histórica para facilitar vivienda a familias del municipio se presentaron como un proyecto urgente, imprescindible, casi inaplazable. Tan urgente que se derribó la antigua Escuela del Congo deprisa y corriendo, dejando sin sede a asociaciones sanitarias que llevaban años atendiendo a personas con enfermedades crónicas.
Se les pidió comprensión. Se les dijo que era necesario. Que había que correr porque había plazos. Que había fondos europeos en juego.
Hoy el solar sigue siendo un solar.
Y el miedo ahora es otro: perder millones de euros de financiación europea por no llegar a tiempo.
La pregunta es inevitable.
Si había tanta prisa para derribar, ¿por qué no la hubo para planificar?
Los fondos Next Generation no son un cheque en blanco. Tienen fechas, condiciones y exigencias técnicas. Y cualquiera que haya visto cómo se ha desarrollado este proyecto sabe que los tiempos no cuadran. Si el movimiento de tierras empezó a finales de diciembre de 2025, pensar que se pueden terminar las viviendas dentro de plazo roza más el deseo que la realidad. Incluso con prórrogas, el margen es mínimo. Y cuando el margen es mínimo, el riesgo es máximo.
Y mientras tanto, la ciudad pierde cosas por el camino.
Pierde servicios, como el que prestaban las asociaciones que se quedaron sin sede.
Pierde confianza, porque cada proyecto que se retrasa erosiona la credibilidad del siguiente.
Pierde identidad, porque Tarifa empieza a acostumbrarse a ver cómo lo que funciona desaparece antes de que lo nuevo exista.
Nadie discute que Tarifa necesita vivienda asequible.
Nadie discute que hay que aprovechar los fondos europeos.
Nadie discute que hay que construir.
Lo que sí empieza a discutirse —y cada vez más— es cómo se está haciendo.
Porque no se puede pedir sacrificios a la gente para proyectos que luego se tambalean.
No se puede desalojar a asociaciones para obras que no llegan.
No se puede hablar de urgencia cuando los plazos se escapan entre los dedos.
Tarifa no necesita más anuncios.
Necesita que lo que se promete se haga.
Y que lo que se derriba tenga, al menos, algo real que lo sustituya.
Porque cuando una ciudad empieza a perder tiempo, dinero y confianza al mismo tiempo, ya no es un retraso.
Es una señal.
Y muchos vecinos empiezan a pensar que en Tarifa, con demasiadas cosas, se acabó el tiempo de creer sin ver.
Muy mal”
En Tarifa, los gobiernos de turno se llenan la boca por fregar tres calles y arreglar dos farolas, como si eso fuera un logro. Pero lo único que saben hacer bien es echarse mierda unos a otros e ir de la mano con empresarios cuestionables, los mismos que llevan décadas abusando del pueblo y de su gente. Mientras, la vivienda es un lujo inalcanzable por la especulación, los servicios sociales y los sitios públicos están abandonados, y el parque infantil de la playa es una ruina que da pesadillas a los niños.
Lo peor es que la gente —la ciudadanía que paga sus impuestos y sostiene todo este escenario político— no se organiza, solo vota resignada, como si eso cambiara algo en un pueblo donde la política se ha vuelto casi una secta polarizada, alimentada por el comadreo, las lealtades de familia, la política de cuñado y pseudo-grupos políticos, 100 % al servicio de los empresarios. Un grupito cerrado en el ayuntamiento que solo mira por sus intereses y los de sus amigos.
Y así seguimos, año tras año.
Considero que aún hay muchos aspectos importantes que mejorar en Tarifa. ParAa mi hace falta un centro de salud en condiciones, que pueda atender adecuadamente a los vecinos. También sería muy necesario contar con un polideportivo con un gimnasio moderno y eficaz, además de una piscina municipal adecuada para el deporte y el ocio de los vecinos. Asimismo, el apeadero de autobuses debería estar en condiciones dignas, no como el que hay actualmente.