¡Hay personas que entregan a Tarifa mucho más de lo que cualquiera podría imaginar. Entregan horas, fines de semana, vacaciones, tiempo con sus hijos y, muchas veces, hasta la tranquilidad.
Hay una Tarifa que no aparece en los presupuestos, ni en los programas electorales, ni en las estadísticas. Es la Tarifa de quienes dan su tiempo. Es la foto del día.
Personas que están en un club deportivo, en una asociación, organizando el Carnaval, ayudando en una tradición, echando una mano en una fiesta, trabajando por Cáritas o sacando adelante cualquier iniciativa que haga que este pueblo sea un poco mejor.
Lo hacen sin sueldo.
Y, muchas veces, sin que nadie llegue a saber realmente lo que cuesta.
La fotografía de hoy tiene como protagonista a Villalta, expresidente de la UD Tarifa.
Durante mucho tiempo me lo encontraba siempre igual: con prisa, atareado, resolviendo problemas, con ese punto de agobio que acompaña a quien sabe que cientos de personas dependen de sus decisiones.
Bajo su responsabilidad estaban cerca de 400 niños y el primer equipo. Detrás de cada entrenamiento, cada partido, cada desplazamiento, cada problema y cada decisión había horas que alguien tenía que poner.
Y ese alguien era él.
Hasta que un día decidió dejarlo.
Y hace poco me lo encontré de una manera completamente diferente: pescando tranquilamente en la orilla de Los Lances.
La imagen me pareció extraordinariamente reveladora.
Porque aquella escena tan sencilla —un hombre pescando en la playa— me hizo pensar en todo aquello a lo que había renunciado mientras estaba al frente de la UD Tarifa.
No es una crítica. Al contrario.
Es quizá la mejor manera de entender el verdadero valor de quienes trabajan de forma altruista por Tarifa.
A toro pasado, cuando ya han dejado el cargo, se empieza a ver con claridad el precio que pagaban.
El tiempo que ya no vuelve.
La comida familiar a la que no llegaron.
El domingo ocupado.
El teléfono que no deja de sonar.
El problema que te llevas a casa.
La preocupación por personas que ni siquiera son de tu familia.
Y esa responsabilidad permanente de saber que si tú no estás, muchas cosas dejan de funcionar.
Por eso esta fotografía se llama “No está pagado”.
Porque no hay dinero que pague determinadas horas.
Y porque quizá deberíamos mirar de otra manera a todas esas personas que, durante años, han regalado una parte de su vida a Tarifa.
En el deporte.
En el Carnaval.
En nuestras tradiciones.
En nuestras asociaciones.
En la cultura.
En Cáritas.
En las fiestas.
En tantos pequeños proyectos que hacen comunidad.
Son personas que sostienen Tarifa sin aparecer casi nunca en la fotografía oficial.
Y aquí hay una diferencia importante: quienes desempeñan responsabilidades políticas reciben una remuneración por dedicar parte de su tiempo a la gestión pública. Estas otras personas ponen su tiempo al servicio de la comunidad sin cobrar por ello.
No es lo mismo.
Y conviene reconocerlo.
Porque una ciudad no se construye únicamente desde un Ayuntamiento.
Se construye también desde un campo de fútbol, una asociación, una comparsa, una parroquia, una peña, una ONG, una escuela, una mesa de trabajo o un grupo de vecinos que decide organizar algo porque “alguien tiene que hacerlo”.
Quizá eso sea precisamente lo que Alberto López definía como la TARIFA HÁBITAT: una ciudad entendida no solo como un lugar donde vivimos, sino como una comunidad que se mueve porque hay personas que participan, ayudan, crean y se implican.
Villalta pescando en Los Lances es una fotografía sencilla.
Pero también es una fotografía sobre el tiempo.
Sobre el tiempo que damos.
Sobre el tiempo que perdemos.
Y sobre el tiempo que otros regalan para que Tarifa siga siendo Tarifa.
A todos ellos: gracias.
Porque hay cosas que, sencillamente, no están pagadas



