Tarifa, vive muchas veces entre la épica de su cielo y la crudeza de su realidad. Bajo esas nubes que parecen esculpidas por los dioses —como en la imagen que encabeza estas líneas— late una ciudad que aspira a cosas mejores, “Meliora Ventura”, pero que también carga con inercias, silencios y decisiones que la frenan. Ese contraste entre la fuerza del viento que impulsa y las estructuras que atan es, precisamente, el punto de partida de lo que van a leer a continuación. Porque Tarifa no merece seguir avanzando a contraviento. Aquí empezamos.
Lo que van a leer ahora, es demoledor y triste, o Tarifa pilla el toro por los cuernos o pierde con rotundidad, alguien tiene que gritar que “¡el rey está desnudo!” y a eso nos comprometimos los cinco integrantes de este espacio.
Suspender a 24 horas de celebrarse las elecciones a la presidencia de la Asociación Federación de Empresarios de Tarifa (AFET) define al 100% su gestión y no lo merece siquiera una república bananera.
Presentar las cuentas de las rutas gastronómicas ante la insistencia de los propios empresarios en un folio manuscrito y llevárselo sin entregarlo, siquiera tiene calificativos.
No lograr pasar el filtro en meses y meses de las cuentas municipales con el dinero público entregado a la AFET para actividades, deja claro que hay algo “raro” en todo esto.
Sacar dos notas de prensa en todo un año, convierte en muda a una parte imprescindible del tejido social y económico de Tarifa, sus empresarios, si además, una de esas notas va contra los funcionarios públicos del ayuntamiento de Tarifa haciéndole la ola a un partido político y sin consensuar con nadie, deja poco a la imaginación.
Con lo difícil que es levantar la persiana en Tarifa, perder una subvención municipal de 30.000 euros destinada en 2025 al impulso de la gastronomía local, y hacerlo únicamente por una evidente falta de gestión, supone un golpe difícil de justificar. Más aún cuando esta situación no ha provocado ni una sola dimisión entre los responsables empresariales que afirman —aunque no representan realmente a todo el tejido empresarial— defender los intereses del conjunto del sector. Ante este escenario, la reflexión y la responsabilidad quedan ahora en manos de quien lee estas líneas.
No entregar los estatutos a los socios, pese a la insistencia de estos para conocer sus derechos y obligaciones, es ya el límite de la insoportable opacidad de un ente que presume de transparencia y que sencillamente, o miente o falta a la verdad.
Ir en las listas de un partido político tanto el presidente como la vicepresidenta de la Asociación de empresarios, es anteponer sin ética, tu interés personal al que dices representar.
Negar información económica a sus asociados es ilegal y continuo por parte de esta junta directiva.
Comisionar de un medio grupo de comunicación siendo quien reparte el presupuesto de dinero público entregado a la asociación es obsceno, callar es ser cómplice.
Hay más, hay mucho más con temas con toallitas y reparto de pasteles donde Tarifa paga y no cuenta…pero hoy no toca.
El próximo 15 de enero todos los empresarios de Tarifa están llamados a las urnas para escoger su futuro, los “oficialistas” buscan dar otra vez un dedazo para que todo siga igual…¿miramos a otro lado o hacemos algo en 2026? ¿qué tienen que decir las diferentes asociaciones empresariale que lo componen y son ajenas a esto?
Lo prometido es deuda…así comenzábamos la anterior columna de opinión y estas líneas de arriba son el primer resultado, somos sólo mensajeros y notarios de la realidad porque queremos hacer bueno nuestro lema “MELIORA VENTURA” — cosas mejores vendrán.
Nota: Esta información de datos objetivos y contrastados quiere dejar claro que la secretaría profesional de la AFET trabaja hasta en domingo (literalmente) y es un pilar fiable en todo esto, pero, “No hay viento favorable para el que no sabe adónde va” Séneca.

Así reza nuestra filosofía…
“Hay quienes hablan en nombre del “bien común”, quienes se presentan como guardianes de la concordia, del equilibrio, del supuesto interés general. Se envuelven en palabras suaves, en discursos templados, en esa piel de cordero que tanto tranquiliza al oído. Pero detrás —lo sabemos— late el miedo a perder su cortijo, su parcela de poder, su pequeña comodidad enquistada en el tiempo.
Esos falsos defensores del bien común no protegen a Tarifa: la retienen. La inmovilizan. La condenan a un bucle eterno en el que nada cambia, nada avanza y nada se ilumina. El silencio es cómplice, con nosotros que no cuenten. Y cuando alguien se atreve a cuestionar, cuando alguien levanta la voz y señala la incoherencia, entonces el disfraz se aprieta, la sonrisa se endurece y el discurso se vuelve amenaza silenciosa. Amenzar con transparencia no es amenazar, la verdad nos hara libres.»
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