Palabras de Amor en Lunes. Por Viktor Frankl

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Puede que el de hoy sea uno de mis preferidos. 

Desde la sobrecogedora experiencia vital del autor tal vez te llegue el homenaje y la defensa de la L I B E R T A D del ser humano como parte indestructible de su naturaleza. 
Quizás la respires tú también y puedas tenerla presente hoy en cada actitud y en cada acción.

Libre para decidir en lo más íntimo. 
Libre para elegir tu actitud ante lo que llega.
Libre para mostrarte libre, apelando a la grandeza de tu voluntad. 

Que este lunes sea bueno para ti. 
Que aprecies tu L I B E R T A D.
Que seas consciente de ella al menos un par de veces en este día.

Y que hoy, también, tú estés bien. 

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El hombre en busca de sentido 

“ Las experiencias de la vida en un campo (de concentración) demuestran que el hombre tiene capacidad de elección. Los ejemplos son abundantes, algunos heroicos; también se comprueba cómo algunos eran capaces de vencer la apatía, de eliminar la irritabilidad. El hombre puede conservar un vestigio de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en aquellos crueles estados de tensión psíquica y de indigencia física.
 Los supervivientes de los campos de concentración aún recordamos a algunos hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás y ofreciéndoles el último mendrugo de pan que les quedaba. Quizás no fuesen muchos, pero esos pocos ofrecían una prueba irrefutable de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal que necesita adoptarse frente al destino— para decidir su propio camino. 
 Y allí, siempre se presentaban ocasiones para elegir. A diario, a todas horas, se ofrecía la oportunidad de tomar una decisión, una decisión que determinaba si uno se sometería o no a las fuerzas que amenazaban con arrebatarle el último resquicio de su personalidad: la libertad interior. Una decisión que también prefijaba si la persona se convertiría —al renunciar a su propia dignidad y libertad— en juguete o esclavo del campo, para así dejarse moldear hasta conducirse como un prisionero típico.
(…)
 En conclusión, cada hombre, aún bajo unas condiciones tan trágicas, guarda libertad interior para decidir quién quiere ser —espiritual y mentalmente—, porque incluso en esas circunstancias es capaz de conservar la dignidad de seguir sintiendo como un ser humano. 
 Dostoyevsky  dijo en una ocasión: «Sólo temo una cosa: no ser digno de mi sufrimiento” y estas palabras retornaban una y otra vez a mi mente cuando conocí a
 aquellos auténticos mártires cuya conducta, sufrimiento y muerte en el campo fue un testimonio vivo de que ese reducto íntimo de la libertad interior jamás se pierde. Puede afirmarse que fueron dignos de su sufrimiento: el modo cómo lo soportaron supuso una genuina hazaña interior. 
 Y es precisamente esta libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, lo que confiere a la existencia una intención y un sentido. “

 

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