Soy, soy, soy. Sylvia Plath.
Lunes, uno de junio.
A veces sobran palabras.
Cada vez más a menudo me detengo a contemplar el detalle, lo pequeño. La increíble maravilla que encierra una flor diminuta, un hierbajo, el cielo en todo su alcance, el río y su vereda, el mar… La belleza nos rodea, un presente a cada paso. El regalo de la vida, que más grande que nosotros, fugaz y transitorio también, aparece de forma incesante. Aprender a reconocerlo y también a desapegarse. Esa es la cosa. La capacidad de desdramatizar. No merece la pena engancharse y perdernos lo que hay al lado. La frustración nos ayuda a madurar. Si agradecemos un gesto, una caricia, un mensaje; si nos reconocemos tan insignificantes como una nota dentro del canto del trinar de un ave; si nos quitamos del medio una y otra vez, una y otra vez, permitiendo con ello a Dios mirar a través de nosotros para admirar su obra; si no nos identificamos con lo que pensamos, con lo que decimos, con lo que hacemos, o con nuestro cuerpo que envejece, con nuestra emoción que desborda, con la herida que endurece, y dejamos que pase; si llegamos a observarnos con la perspectiva necesaria. Entonces volvemos a casa. Bendecimos nuestra casa. Nos sorprendemos de volver, descansamos en nuestra casa. Despertamos. Y damos gracias. Por cada momento de paz, por cada instante sereno, por cada pequeña muerte, por el otro lado del mundo. El milagro es ser la vida mientras la vida está con nosotros, con todo lo que supone. Gratitud, presencia, humildad. Tratarse lo mejor posible y entregarse a lo que toca. También en la incomodidad, en lo oscuro. Callarnos más. Exigirnos un poco menos. Tratar mejor a los demás. Comulgar con el aMor. Amar. En medio de la confusión, invocar a Eros. Celebrar de verdad la vida, porque estamos de regalo. Confiar. Tener fe.
A veces sobran palabras.
El despertar del gusano.
Rumi.
Hay un gusano adicto a comer
hojas de parra.
De pronto despierta;
llámalo gracia, llámalo como quieras,
algo lo despierta
y ya no es un gusano.
Es todo el viñedo,
y también el huerto, los frutos, los troncos;
una sabiduría y una alegría crecientes
que ya no necesitan devorar




Un comentario
Siempre agradecer con humildad.