La reflexión planteada por Yerai Blanco y Skatermanco sobre la pérdida de identidad andaluza encuentra en la transformación de la Plaza Miramar uno de los ejemplos más debatidos de la Tarifa actual.
“¿No echáis de menos algunas cosas que todavía existen en vuestra memoria?”
La pregunta abre el vídeo A la pureza me acojo, una pieza firmada por Yerai Blanco y Skatermanco que ha conseguido remover algo profundo en miles de personas. No habla de política. No habla de urbanismo. Ni siquiera habla directamente de Tarifa. Habla de memoria.
De las mesas de camilla.
De los barrios con las puertas abiertas.
De las conversaciones al fresco.
De los carteles escritos para los de aquí.
De esas pequeñas cosas que parecen eternas hasta que un día desaparecen.
Y quizás por eso el mensaje resuena con tanta fuerza en Tarifa.
Porque hay lugares que son mucho más que un espacio físico. Son una forma de entender la vida. Son parte de una identidad colectiva. Y cuando desaparecen o se transforman hasta hacerse irreconocibles, lo que se pierde no es únicamente un rincón del pueblo. Se pierde también una parte de la memoria compartida.
Pocos lugares simbolizan hoy mejor ese debate que la Plaza Miramar.
Durante décadas fue uno de esos espacios sencillos que definían el carácter de Tarifa. Un mirador natural sobre la joya que nos hace únicos en e mundo, el Estrecho. Un lugar de sombra. De bancos. De descanso. De vecinos y visitantes que se sentaban a contemplar el horizonte. Un espacio profundamente tarifeño donde el protagonismo lo tenían el paisaje, el viento, los árboles y el tiempo lento. Hoy, sin embargo, la imagen es muy distinta.
La remodelación emprendida por el Ayuntamiento ha transformado completamente el espacio. Los árboles desaparecieron. La sombra desapareció. Los bancos desaparecieron. Y lo que durante años fue un rincón amable y reconocible se ha convertido en una gran explanada endurecida cuya obra permanece paralizada desde hace meses.
A las puertas de un nuevo verano, la plaza continúa sin terminar. Lo que debería haber sido uno de los espacios más emblemáticos del municipio presenta una imagen de solar inacabado que ha generado críticas, desconcierto y una creciente sensación de pérdida entre muchos vecinos. La cuestión ya no es únicamente estética.Es emocional.
Porque detrás de la polémica sobre Miramar aparece una pregunta mucho más profunda: ¿qué está pasando con la identidad de Tarifa? ¿en que piensan nuestro Equipo de Gobierno?
La reflexión no es nueva. Lleva años recorriendo conversaciones de café, reuniones familiares y debates ciudadanos. Cada vez son más quienes sienten que algunos espacios tradicionales están desapareciendo para ser sustituidos por otros cuya estética podría pertenecer a cualquier lugar del mundo. La singularidad deja paso a lo genérico. Lo reconocible a lo indefinido.Lo propio a lo intercambiable.
Precisamente durante el último pleno municipal, el responsable de todo esto, Nacho Trujillo, volvió dar las respuestas de siempre, ninguna. No aclararon ni los plazos definitivos ni las razones que explican la prolongada paralización de las obras, siquiera las razones de este absurdo en una plaza presidida pro una Casa de Juventud sin uso, en ruinas. ¿No hubiera sido mejor arreglar lo que esta en ruinas?
Mientras tanto, la plaza permanece suspendida en una especie de limbo urbanístico y sentimental. Lo que fue ya no existe. Y lo que debe ser todavía no ha llegado.
Quizás por eso el vídeo de Yerai Blanco conecta tan bien con este momento, porque no habla de nostalgia vacía, habla de identidad, de la importancia de conservar aquello que hace únicos a los pueblos y de entender que modernizar no siempre significa borrar, y de recordar que el patrimonio de una comunidad no está formado únicamente por monumentos o edificios históricos. También lo forman los lugares cotidianos donde transcurre la vida.
Tarifa sigue siendo uno de los lugares más extraordinarios del mundo. Su paisaje, su historia y su cultura continúan siendo únicos. Pero precisamente por eso, cada transformación urbana plantea una responsabilidad añadida: la de preguntarse qué pueblo queremos ser dentro de veinte años, porque quizás la verdadera pregunta no sea si Andalucía está perdiendo parte de su identidad o simplemente está evolucionando.
La pregunta es si, cuando todo termine, seguiremos reconociendo en nuestros espacios aquello que durante generaciones nos hizo sentir que estábamos en casa.
¿Quién es Un hijo de Tarifa?
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3 respuestas
Madre mía lo que hace el levante,prefieren un mirador destrozado,desde luego que no nos merecemos otra cosa.
A este o le a dado una levantera terrible,o se le a cagado una pavana en la cabeza,que tanto está de moda en tarifa.
Si no queréis que tarifa pierda la identidad,que los ecologistas degen de hacer mansiones en zonas militares y que los surferos dejen las cometas para que las gaviotas vuelvan a la isla y a las playas,que es donde tienen que estar.Tarifa perdió hace muchos años la identidad y fue por culpa vuestra.