Tarifa necesita inicitivas como CAN JOY IBIZA para enderezar su futuro….

«Los territorios que liderarán el siglo XXI no serán necesariamente los que construyan más hoteles, sino los que sepan formar mejor a las personas que vivirán en ellos.» Hay proyectos que nacen para ocupar un espacio en el mercado. Otros, mucho menos frecuentes, nacen para ocupar un espacio en el futuro.

Foto portada:  Virginia Sanz Rojo, fundadora y CEO de CAN JOY Ibiza, ha recibido el EarthFlag Award, un reconocimiento internacional que distingue su firme compromiso con la unidad entre las personas y la responsabilidad hacia el planeta.

CAN JOY Ibiza pertenece a esa segunda categoría.

Se trata de una iniciativa internacional impulsada por Virginia Sanz Rojo que sitúa a los niños, adolescentes y jóvenes en el centro de todo. No pretende ser únicamente un lugar donde adquirir conocimientos, sino un ecosistema donde la educación, la innovación, la creatividad, la tecnología, el liderazgo y los valores convivan para ayudar a descubrir el potencial de las nuevas generaciones. Un proyecto convencido de que el talento no es un privilegio reservado a unos pocos, sino una capacidad que puede cultivarse cuando existe el entorno adecuado.

Esa filosofía ya es corpórea, ha comenzado a tomar forma. Durante el Ibiza Tech Forum, CAN JOY IBIZA llevó al centro del debate internacional una reflexión que resulta tan sencilla como revolucionaria: ¿de verdad necesitamos crear otro unicornio empresarial o necesitamos formar mejores personas? Una pregunta que, en realidad, interpela a cualquiera que piense en el mundo que heredarán nuestros hijos. La dimensión del proyecto necesita un libro, no puede explicarse en unas líneas….pero la idea sí.

Tuve el privilegio de conocer este proyecto desde dentro hace unos días y salí con una sensación difícil de describir. No era la admiración por una idea brillante ni el entusiasmo que produce cualquier iniciativa bien diseñada, ni siquiera fueron las historias increíbles bajo la cortina…Era algo más profundo, la certeza de estar contemplando «un mayo del 68»,  uno de esos proyectos únicos que, con el paso de los años, terminarán transformando la identidad de un territorio tan icónico como Ibiza. Una revolución silenciosa con vocación de legado

CAN JOY IBIZA no es una idea sobre el papel.

Ha dado el paso más difícil de todos: convertirse en una realidad. El proyecto cuenta ya con un espacio natural y físico garantizado para los próximos cuarenta años en el corazón de Ibiza. Puede parecer un dato administrativo, pero es mucho más que eso. Significa que ha echado raíces. Que dispone del tiempo necesario para crecer sin prisas, para equivocarse, aprender, evolucionar y acompañar a varias generaciones de niños y jóvenes. En un tiempo dominado por la inmediatez, pensar a cuarenta años vista es casi un acto de rebeldía.

Quizá por eso me gusta imaginar CAN JOY IBIZA como un niño que acaba de dar sus primeros pasos. Todavía tiene toda una vida por delante, pero ya cuenta con un hogar desde el que crecer. Ahora comenzará la etapa verdaderamente apasionante: ver cómo ese niño madura, se fortalece y acaba convirtiéndose en una referencia internacional para quienes creen que la educación es la inversión más rentable que una sociedad puede hacer.

Mientras recorría el proyecto no podía dejar de pensar en Tarifa.

Hace años soñamos con la posibilidad de crear una universidad internacional en la Isla de Tarifa. Era una idea extraordinaria porque intuía algo que hoy resulta evidente: la desestacionalización no depende únicamente de atraer turistas durante más meses, sino de atraer personas que quieran vivir, aprender, investigar, emprender y crear comunidad. Aquella propuesta nunca llegó a materializarse, pero la necesidad sigue estando ahí.

Y quizá hoy ya no necesitemos una universidad. Quizá necesitemos algo diferente. Soñar un poco y seguir los pasos de quien abre camino…

Un espacio donde la naturaleza conviva con el conocimiento. Donde niños y adolescentes de distintas nacionalidades descubran que el liderazgo también consiste en cuidar del planeta, colaborar con otros y desarrollar una mirada ética sobre la tecnología y la innovación. Un lugar capaz de atraer familias, educadores, investigadores, artistas y emprendedores que encuentren en Tarifa mucho más que un destino donde pasar unos días.

No parece una casualidad que este mismo año Tarifa vaya a contar en septiembre con una nueva escuela internacional y ya faltan centenares de plazas. Es una magnífica noticia que apunta precisamente en esa dirección. Las ciudades que aspiran a construir un futuro sólido necesitan diversificar su economía, pero también enriquecer su tejido humano. Necesitan espacios donde el conocimiento circule, donde las culturas se mezclen y donde los jóvenes encuentren oportunidades para crecer sin renunciar a la calidad de vida.

Con demasiada frecuencia medimos el progreso por el número de hoteles que se inauguran, por las plazas turísticas que se crean o por las cifras de visitantes que llegan cada verano. Son indicadores importantes, pero insuficientes. El verdadero desarrollo de un territorio comienza cuando decide invertir en las personas, cuando comprende que formar a un niño puede tener más impacto dentro de treinta años que levantar un edificio en treinta meses.

Por eso, proyectos como CAN JOY IBIZA merecen ser observados con atención. No porque ofrezcan respuestas para todo, sino porque se atreven a formular las preguntas adecuadas, a salirse de la caja. ¿Qué tipo de sociedad queremos construir? ¿Qué valores queremos transmitir a quienes serán los responsables del mundo dentro de veinte o treinta años? ¿Qué papel deben desempeñar la tecnología, la educación y la innovación en esa tarea?

Son preguntas incómodas, pero imprescindibles y valientes.

Y detrás de ellas siempre aparecen personas capaces de dedicar una parte de su vida a perseguir un bien común. Personas que entienden que el éxito no consiste únicamente en crear riqueza, sino en generar oportunidades para los demás. Ese tipo de liderazgo no suele medirse en balances económicos. Se mide en el número de vidas que consigue inspirar.

Hay iniciativas que transforman un paisaje, otras transforman una economía.Y unas pocas, las más valiosas, transforman, evolucionan en la dirección correcta la energía de un lugar.

Tengo la certeza de que CAN JOY IBIZA pertenece a esa última categoría.

Ojalá dentro de unos años podamos mirar hacia Tarifa y descubrir que también aquí fuimos capaces de apostar por proyectos que sembraran conocimiento, valores y talento con la misma convicción. Porque las mejores decisiones nunca son las que producen resultados inmediatos, sino las que permiten que las próximas generaciones encuentren un mundo un poco mejor del que nosotros recibimos.

Aristóteles escribió que «empezar es más de la mitad del todo».

CAN JOY IBIZA acaba de empezar.

Y, a veces, los primeros pasos de un niño son también los primeros pasos de una revolución silenciosa

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