Hay comentarios que llegan en el momento justo. La reflexión de Nuria Muñoz Molina surge a raíz del debate abierto por la propuesta de Agaden-Ecologistas en Acción, que defiende la plantación de árboles frente a la instalación de toldos bioclimáticos en las calles de Tarifa. Pero sus palabras también encajan perfectamente con otra reivindicación que estos días ha vuelto a la actualidad: la petición de Mellaria para recuperar el árbol desaparecido de la Plaza de Oviedo.
La idea es tan sencilla como contundente: la mejor infraestructura contra el calor lleva siglos inventada y se llama árbol.
Mientras el debate público gira en torno a toldos, estructuras o soluciones temporales, los árboles siguen ofreciendo una respuesta natural y permanente. Dan sombra, reducen la temperatura del entorno, mejoran la calidad del aire, capturan CO₂, favorecen la biodiversidad y hacen las ciudades más agradables para vivir.
No se trata de enfrentar árboles y toldos. Habrá calles donde ambas soluciones puedan convivir. Pero allí donde un árbol pueda crecer, difícilmente existirá una alternativa que aporte tantos beneficios durante tantas décadas.
La reflexión también invita a mirar espacios como la Plaza de Oviedo. Recuperar el árbol que desapareció hace años no sería únicamente rescatar un elemento del paisaje urbano o de la memoria colectiva. Sería apostar por una forma de entender el urbanismo en la que la naturaleza deja de ser un adorno para convertirse en una infraestructura esencial.
En un verano en el que las altas temperaturas vuelven a marcar la agenda, quizá la pregunta ya no sea qué sistema protege mejor del sol, sino cuánto tiempo más podemos permitirnos seguir perdiendo árboles sin reemplazarlos.



