El festival celebra su séptima edición del 23 al 25 de octubre con una programación que combina jazz, flamenco y sonidos internacionales, una apuesta cultural que mantiene vivo el destino más allá del verano. En Tarifa la música en directo es «harina de otro costal»….lo suyo sería aprender y activar iniciatvias en esta línea.
Hay muchas maneras de prolongar la vida de un destino turístico más allá de los meses de verano. Zahara de los Atunes ha encontrado una de ellas en la música. El festival JAZZahara, que este fin de semana celebra su séptima edición, vuelve a demostrar que la cultura puede convertirse en un poderoso argumento para atraer visitantes, generar actividad y disfrutar del territorio cuando la temporada alta ya ha quedado atrás.
Desde el viernes 23 hasta este domingo 25 de octubre, Zahara se transforma en un punto de encuentro para los amantes de la música, con una programación que conecta el jazz contemporáneo con el flamenco, las músicas del mundo, el swing y las sonoridades mediterráneas.
Una propuesta que va más allá de los conciertos y que reivindica otra manera de disfrutar de la localidad: sin las prisas del verano, con tiempo para descubrir sus rincones y con la música como hilo conductor de una experiencia que une cultura, paisaje y gastronomía.

Un atardecer, cinco músicos y un viaje sonoro
La jornada del sábado dejó algunas de las imágenes más evocadoras de esta edición. El atardecer acompañó una programación en la que el talento musical volvió a ocupar el centro del escenario.
Manolo Pereira Quinteto Polar, junto a Adrián Ayala, Nacho Soto, Daniel Abad y Thibault Benoit, ofreció un recorrido por el jazz contemporáneo, el swing, la bossa nova, el funk y los ecos mediterráneos.
La propuesta confirmó la personalidad de un festival que entiende el jazz como un lenguaje abierto, capaz de cruzar estilos y culturas sin perder su esencia.
Otro de los momentos destacados llegó con Constellations, el encuentro entre el trompetista Raynald Colom y el pianista flamenco Diego Amador, una propuesta que explora los territorios compartidos entre el jazz y el flamenco.
Dos universos musicales que encontraron en JAZZahara un espacio para dialogar desde la improvisación y la libertad creativa.
La cultura como motor del otoño
El valor de JAZZahara no se mide únicamente por su cartel artístico. También reside en su capacidad para generar motivos para visitar Zahara de los Atunes en octubre, cuando muchos destinos costeros afrontan el reto de mantener su actividad económica.
Los festivales culturales ayudan a construir una oferta turística menos dependiente del calendario estival. Atraen públicos interesados en experiencias diferentes, favorecen el consumo en los establecimientos locales y contribuyen a proyectar una imagen del destino vinculada a la calidad, la autenticidad y la creatividad.
En este sentido, JAZZahara representa una apuesta por la desestacionalización que utiliza la identidad del territorio como parte de la experiencia. El visitante no acude únicamente a escuchar música: encuentra también el paisaje, la gastronomía y la tranquilidad de Zahara en una época del año con otro ritmo.
Es una fórmula que invita a mirar el turismo desde una perspectiva más amplia, en la que la cultura no sea un complemento de la oferta, sino uno de sus principales motores.
El último concierto, este domingo
La séptima edición se despide este domingo 25 de octubre con Potato Head Jazz Band, que actuará a las 13:00 horas en el Patio de la Palmera del Palacio de las Pilas.
La formación pondrá el broche final a tres días dedicados a la música en directo y a una programación que reúne propuestas andaluzas e internacionales.
Con esta nueva edición, JAZZahara consolida su personalidad dentro del calendario cultural de otoño y demuestra que existen alternativas para mantener vivo un destino turístico cuando termina el verano.
Porque desestacionalizar no consiste solamente en conseguir que lleguen visitantes durante más meses. También significa ofrecer razones para venir, experiencias que merezcan la pena y una identidad capaz de seducir durante todo el año. Y Zahara de los Atunes, al ritmo del jazz, está demostrando que la música puede ser una de ellas.



