Cada verano se repite la misma historia. La Operación Paso del Estrecho es una infraestructura estratégica para España, pero la espera… esa se queda en Tarifa. Si los vehículos solo pueden acceder al puerto dos horas antes del embarque, la pregunta es inevitable: ¿dónde esperan miles de viajeros?
Porque el puerto cierra su verja, pero la ciudad no.
Esperan en nuestras calles, ocupan los pocos aparcamientos disponibles, aumentan el tráfico y saturan unos servicios que ya de por sí viven al límite durante julio y agosto.
Mientras tanto, Tarifa sigue perdiendo espacios para aparcar. La explanada junto al Lidl dejó de ser un aparcamiento para convertirse en un área de servicio de la propia OPE. Los vecinos dan vueltas para encontrar una plaza. Los comercios ven cómo muchos clientes desisten. Y quienes nos visitan comienzan sus vacaciones atrapados en un atasco.
La paradoja es evidente. La Autoridad Portuaria invierte millones en mejorar el funcionamiento dentro del puerto. Pero fuera de la verja, el problema sigue teniendo el mismo nombre: Tarifa.
Y la pregunta sigue sin respuesta:
Si el puerto no puede absorber a los viajeros… ¿por qué debe absorberlos la ciudad?



