Tarifa renuncia a la cultura, resulta incalificable que con 120.000 euros de presupuesto anual, la programación primavera cultural se presente sin rubor bajo la norma: “abaratar los costes” y “apostar por artistas locales”.
Entender la cultura, reduciéndola a un gasto que hay que contener y no a una inversión que hay que cuidar, es verla como un problema a resolver y no como una oportunidad para destacar. ¿Quién nos iba a decir que echaríamos de menos a Fran?
Apostar por creadores locales debería significar fortalecer el tejido cultural, apoyar el talento y generar una identidad artística propia. Sin embargo, cuando esta apuesta es solo de cara a la galería y se vincula al objetivo de reducir costes, el mensaje que se transmite es otro muy distinto: que lo local es más barato, no necesariamente más valioso. Y esa idea, repetida en toda la programación, termina por debilitar la percepción social del trabajo artístico. Por ejemplo, presentar con debut a un artista que ha dado 100 conciertos en Tarifa, es definitorio.
La cultura no se fortalece pagando menos, sino creyendo más en ella. Programar con recursos limitados puede ser necesario, pero convertir el ahorro en argumento principal revela una falta de ambición cultural. Un teatro municipal no debería funcionar solo como un espacio donde llenar fechas con propuestas económicas, sino como un lugar donde el público pueda encontrarse con calidad, riesgo, diversidad y también con propuestas que vengan de fuera y enriquezcan el panorama local, máxime fuera de temporada con una Tarifa que busca excusas para que la visiten, sin suerte.
Defender a los artistas del entorno es imprescindible, pero hacerlo desde la lógica del recorte los coloca en una posición injusta. La cultura local no debe ser la opción barata, sino una elección consciente basada en su valor.
Cuando la política cultural se explica hablando antes de costes que de contenidos, el problema no está en la programación concreta, sino en la manera de entender para qué sirve la cultura.
Por cierto, los técnicos de cultura excepcionales y vocacionales, pero obedecen órdenes….



