Palabras de AMOR en lunes. Por María Eugenia Manzano.

“Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador” (Fellini)
Lunes, 4 de diciembre.
El mes que despide al año empieza cada vez más pronto, o eso me parece a mí. No sé muy bien cómo explicarlo. Entre lo black de un friday cualquiera, el red de los villancicos prematuros y el white de la nieve lapona (que yo flipo, de verdad, ¿de dónde ha salido ahora la estupidez de poner algodón de curar a lo largo del pasillo de casa, simulando que llega la nieve de Laponia y con ella el primero de los regalos? Y no es invención mía, lo juro, que lo he visto en Instagram…) diciembre parece más un arco iris ruidoso que el mes blanco en el que velar, en el que prepararse para un nacimiento nuevo o el mes para dejarnos en Paz. Mucho cuidado con eso. Recordemos el propósito.
Después viene lo demás. Llevo tres días mirando al cielo.
Y he llorado hasta en la sopa. Primero, viendo Nyad. La historia es apasionante, un monumento al coraje, al desafío y la aceptación a la vez del paso del tiempo, de los años, y a la soberanía de hacerse vieja. Vieja, sí, y sin remilgos. Jodie Foster en canal. También el sábado tarde. Que también lloré, quiero decir. Algo me llevó a un guasap que hacía meses no veía, y un mensaje, 2 de diciembre del 22, me recordó que hacía un año del último vino que tomamos en esta vida. No importa, ya lo sabemos. Brindaré siempre por ti. Y sé que, allá donde andes, la celebración es estelar. Han fichado al mejor relaciones.
Ah, también lloré con El viaje. Hermosa reconexión y prueba en escena juntos. No dejan de llegar señales.
Menos mal que fuimos a Lerma y cenamos en el comedor de arriba. Con un rioja, el Heavy Metal, que elegimos por el nombre, o porque nos hacía falta a las cuatro. O porque después fue domingo. También se puede tomar el vermú jodidas. Y más si aparece Raquel. Otra valiente, canela fina.
Y así, una se levanta y danza cada mañana. Conectando con el cuerpo, déjate de explicaciones, se desatasca el cerebro antes de empezar a pensar y antes de desayunar, como el Robe en sus mejores momentos, sientes que el alma se ensancha. Y despacio, por favor. Yo me bajo en esta parada. Que de prisas voy servida y quiero saborear cada trago de este caldo, del que me sirva la vida.
Que podamos recogernos y que sirva este diciembre para destilar la memoria de un 23 que se va. Comienzo de fin de fiesta.
Sólo pido sencillez en medio de tanta comedia.
Y que este lunes sea bueno. Que tú puedas estar bien. Eso también.
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Primer domingo de Adviento,
Marcos (13,33-37)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

 

Un comentario

  1. Suerte o fortuna
    Milagro o casualidad
    Que un día cualquiera de un mes cualquiera, de un año cualquiera, suceda algo que resulta imperecedero es algo más que un misterio, y ahí, en el corazón de esa gran persona, se quedó la simiente
    Para siempre
    Abrazos

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