¿Quién alimenta la Inteligencia Artificial?. Por Ángel Luis Jiménez

El problema de la Inteligencia Artificial (IA) es que los humanos están construyendo una superinteligencia a la que ni siquiera saben cómo educar. Los prejuicios dominantes, el racismo y el machismo entre otros, están ahí todo el tiempo, alimentándola.

Ya en 2018, Amazon tuvo que desechar una IA con la que seleccionaba a su personal porque no contrataba mujeres. Había sido alimentada con una década de datos laborales y, claro, los jefes habían sido todos hombres, los mejores puestos eran de hombres y las inteligencias artificiales no saben de sutilezas ni son capaces de contextualizar.

En la IA abundan los prejuicios convencionales como el sexismo. Quizás sea porque sólo el 12% de los expertos en inteligencia artificial del mundo son mujeres, según indica la ingeniera española Nuria Oliver, una de las mayores autoridades europeas en IA.

Desde luego no se puede curar un prejuicio con otro, pero hay gente que no es capaz de ver sus propios sesgos. Así ocurre con el ultraderechista Elon Musk, que acusa a Google, su competidor, de querer reescribir la historia y celebra los gazapos de la IA de Gemini (generación de imágenes que utiliza el sesgo racial) porque “así ha dejado claro su programa locamente racista y anticivilizador”.

Lo malo es que la civilización que parece querer Musk espanta un poco; en diciembre, asistió a la fiesta posfascista de Giorgia Meloni y Santiago Abascal, y allí reivindicó el nacionalismo y el uso de combustibles fósiles, se metió contra la política de integración y clamó: “No importéis el virus mental woke”.

El uso de woke (despertar) surgió dentro de la comunidad negra de Estados Unidos y originalmente quería decir estar alerta ante la injusticia racial. Ahora se ha extendido el concepto a toda persona que es consciente de temas sociales y políticos, y lucha contra el racismo, la discriminación y la injusticia.

Musk también dudó de la veracidad de la pandemia del COVID. Y devolvió su cuenta de X a Alex Jones, un atroz personaje de la extremísima derecha, que tiene un portal de internet dedicado a la desinformación y a las teorías de conspiración. Su conspiranoia más frecuente es creer que hay una oscura élite que pretende reemplazar a los blancos.

A lo largo de 2022, Musk “pasó de los benignos elogios a la moderación a las furiosas cavilaciones acerca de cómo los wokes y la censura impuesta por las élites mediáticas eran una amenaza existencial para la humanidad”, señala Walter Isaacson en una biografía publicada sobre Musk el año pasado.

Pues bien, Musk es uno de los que están alimentando y construyendo la IA. Y eso sí da miedo por su lectura de la realidad. Es crucial prestar atención a las repercusiones que pueda tener la concepción del mundo de estos conspiranoicos de extrema derecha por su poder en sectores estratégicos como la desinformación, las telecomunicaciones o la inteligencia artificial.

También es valioso entender cómo Musk ha caído en la ratonera de las conspiraciones más absurdas y tóxicas. “Puede ser el hombre más rico del mundo y tener toda una red social a su disposición y, sin embargo, ser completamente incapaz de distinguir la realidad de la ficción. Elige vivir en una tierra de fantasía de creencias falsas”, describe Jay Van Bavel, psicólogo experto en identidad social de la Universidad de Nueva York.

Musk se siente muy feliz en el universo posfascista italiano con los jóvenes ultraderechistas de Meloni, donde fue ovacionado en diciembre, respondiendo a esta aceptación formando un corazón con los dedos en el pecho: sin duda, se sentía muy valorado. A Musk cuanto más le critican en la izquierda, más apoyo recibe desde opciones radicales del extremo opuesto, reforzando sus posiciones racistas y antisemitas.

Después del acto Roma, no hay duda de su diarrea mental y sus posiciones ultras. Solo queda saber cuánto salpicarán los excrementos, y si seremos capaces de crear una IA potente, confiable y, sobre todo, abierta y accesible a todo tipo de organizaciones, porque si internet hubiera sido solamente aprovechado por un grupo específico de organizaciones, no sería lo que es.

Necesitamos una IA con principios éticos, segura, confiable y responsable que garantice el cumplimiento de la ley aprobada por el Parlamento Europeo, la primera en el mundo en regular esta tecnología. Una IA de respeto a la privacidad y a los derechos humanos, que tenga siempre supervisión personal y que sea inclusiva para minimizar cualquier tipo de sesgos. Una IA transparente, explicable, controlable y robusta, con seguridad desde dentro y protegida a cualquier tipo de ataque, mala utilización o potenciales fallos, y que, por supuesto, beneficie a toda la sociedad y al planeta.

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