La política y los políticos. Por: Ángel Luis Jiménez Rodríguez

Todos sabemos que la palabra política viene de polis, ciudad en griego, y designa el manejo de los asuntos de las ciudades. Aquí, en cambio, y también en tantos otros lugares, una enorme porción de los medios ha caído en la trampa de creer que política es eso que hacen los políticos porque tienen poder. Evidentemente tienen poder porque los ciudadanos se lo damos.
Por supuesto, la política no es lo que hacen los políticos, sobre todo aquellos que no sabían qué hacer con sus vidas y pensaron hacerse políticos. La política siempre será la herramienta que nos queda para tratar de mejorar la forma en que vivimos y negociar para resolver los muchos problemas pendientes de la ciudadanía.
Ahora, tenemos un sistema de delegación -los ciudadanos votamos a otros ciudadanos para que hablen y decidan por nosotros- y de separación de los poderes formales ocupados por esos ciudadanos que elegimos. Es obvio que su poder es relativo, mayor poder tienen los grandes empresarios, los señores poderosos. Y también las grandes multitudes, si decidieran ejercerlo. Sin embargo, la ciudadanía ha renunciado al poder con una actitud apática, medrosa o defensiva.
A la ciudadanía parece como si no le interesara informarse sobre todas aquellas cosas que son objeto de la política de los políticos, como el problema de la vivienda, que está en todas las bocas. Deberían estudiar y contar de dónde viene su carencia, cómo se forma, a quiénes y cómo beneficia su concentración.
O las vidas de los que sufren por las carencias de la salud pública, nuestro gran patrimonio común. Cuáles son las compañías que quieren quedarse con ese “mercado”, cómo lo hacen, qué significa para los ciudadanos comunes como nosotros. Cómo la Administración perjudica a la sanidad pública para beneficiar a la privada y, por supuesto, como digo, las vidas de los que sufren.
Y así de seguido: los problemas de la educación, el trabajo, la inmigración, la desigualdad, las diversas violencias. En síntesis, contar lo que (se) dicen los políticos sobre las cuestiones de todos es tener conciencia ciudadana.
La conciencia ciudadana es la comprensión y el compromiso activo de un individuo con sus derechos y deberes dentro de una sociedad, implicando una participación reflexiva en la vida pública, el respeto por las leyes, valores democráticos y la preocupación por el bien común, lo que se traduce en acciones éticas y responsables para mejorar la convivencia y la sociedad en general. Somos lo que hacemos.
Pero hay una herida que la política ha olvidado: la herida de no ser escuchado. Frente a ese vacío, no bastan los datos, ni las explicaciones de los políticos expertos, ni los discursos bien articulados desde la cúpula del saber. Lo que está en juego no es una falta de información, sino una ausencia de reconocimiento. No es una demanda de “verdad objetiva”, sino el clamor de la gente por ser escuchada. Por eso, con razón o sin ella, la gente no se fía ya de la política, ni de los políticos.
No estoy diciendo que el papel de los políticos como nuestros mediadores no sea importante. Aunque, para que la ciudadanía vuelva a confiar en ellos, es necesario el reconocimiento previo de que nuestras vidas, todas ellas, son importantes, que todo el mundo tiene algo que decir a través de su propia experiencia. Esa pulsión interior está ahí. No tengo dudas. Así que, si los políticos quieren volver a ser escuchados, deben escuchar primero. No hay otra.

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