Lo que comenzó como una absurda ocurrencia de un vecino anónimo se ha convertido en un auténtico motivo de indignación y preocupación en la urbanización Los Lances II. Sin consultar a nadie, una persona decidió colocar un candado en la puerta de acceso a la playa, una entrada utilizada a diario por centenares de residentes.
La reacción de los vecinos fue inmediata: ante el sinsentido y la falta de diálogo, varios residentes optaron por cortar el candado con una radial para recuperar el paso habitual. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando, al poco tiempo, apareció un nuevo candado aún más grueso y resistente en la misma puerta. Nadie sabe quién está detrás de esta acción unilateral.

La situación no solo se percibe como una falta de respeto y convivencia, sino como un problema grave de seguridad. Con una de las principales salidas inutilizada, los vecinos se preguntan:
¿Qué ocurriría si se produce una emergencia?
Ni hay llaves, ni nadie responde por la cerradura instalada. El cierre forzado de este acceso pone en riesgo la evacuación rápida en caso de incendio, accidente o necesidad urgente. Más allá de cualquier debate ético o vecinal, el bloqueo pone en jaque a toda la comunidad.
La incertidumbre y el enfado crecen día tras día. Los residentes reclaman transparencia, responsabilidad y, sobre todo, sentido común: ningún vecino debería tomar decisiones que afecten a toda la urbanización sin consenso ni garantías de seguridad.














