EDITORIAL: Mucho reproche al pasado, pocas soluciones en el presente y ninguna iniciativa, ese puede ser el «parte de guerra» de Tarifa en esta legislatura. La última nota de prensa del equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Tarifa sobre la estación de autobuses vuelve a dejar una sensación cada vez más extendida entre muchos vecinos: la de un Ejecutivo local sin rumbo claro, más centrado en justificar su falta de resultados que en ofrecer soluciones eficaces a los problemas reales del municipio. Foto recurso
El comunicado del Partido Popular de Tarifa carga con dureza contra el PSOE local, al que acusa de populismo, desmemoria y oportunismo político por sus críticas a la situación de la estación de autobuses. Sin embargo, más allá del tono combativo y del intento de situar toda la responsabilidad en la etapa anterior, lo cierto es que el ciudadano de a pie sigue viendo lo mismo de siempre: servicios a medio gas, respuestas tardías y una batalla política que no mejora su día a día.
Porque ese es el fondo del problema. Tarifa no necesita a estas alturas una nueva guerra de reproches entre partidos ni otra exhibición de “y tú más”. Lo que necesita es un gobierno capaz de resolver. Y, por ahora, la sensación que transmite el Ayuntamiento es la contraria: mucha mirada al retrovisor, mucha apelación al pasado, mucha autocomplacencia en la gestión y pocos hechos que permitan hablar de una mejora real y sólida.
La estación de autobuses es un buen ejemplo. El equipo de Gobierno presume ahora de haber reabierto servicios básicos como la sala de espera o los aseos, presentándolo casi como un éxito político. Pero lo cierto es que mantener abiertas unas instalaciones mínimas para que los usuarios puedan resguardarse de la lluvia o usar un baño no debería venderse como un gran logro de gestión, sino como una obligación elemental de cualquier administración pública. Convertir lo básico en trofeo dice mucho del nivel de exigencia con el que se está gobernando.
Además, el mensaje del Ejecutivo local parece construido más para combatir al adversario que para informar con claridad a la ciudadanía. Se insiste en que el PSOE no resolvió el problema cuando gobernaba, se recuerda que en 2021 Tarifa llegó a quedarse sin estación de autobuses y se recalca que ahora sí se están activando soluciones. Pero incluso dando por válida esa crítica al pasado, la pregunta que muchos vecinos pueden hacerse hoy es simple: ¿y dónde está el cambio prometido? Porque gobernar no consiste en explicar una y otra vez por qué los anteriores lo hicieron mal, sino en demostrar con hechos que se sabe hacer mejor.
Ese es precisamente el riesgo que empieza a dibujarse en la política municipal tarifeña: el de un gobierno que, ante la falta de resultados visibles, opta por encender el ventilador para dispersar responsabilidades. Una estrategia que puede servir durante un tiempo para sostener el relato interno, pero que cada vez conecta menos con una ciudadanía cansada de excusas, cansada de confrontación y cansada de anuncios que apenas alteran la realidad cotidiana.
La moción anunciada por el PSOE para el próximo pleno puede ser oportunista o puede llegar tarde, pero eso tampoco exime al actual equipo de Gobierno de su responsabilidad. Quien gobierna tiene la obligación de responder con gestión, no con propaganda. Y si la principal defensa de un Ejecutivo ante un problema actual consiste en recordar que los otros tampoco lo arreglaron, entonces lo que se está reconociendo, en el fondo, es una preocupante falta de proyecto.
Tarifa necesita dirección, prioridades claras y una administración que deje de vivir instalada en la coartada permanente. La ciudadanía no vota para asistir a una pelea interminable entre siglas, sino para ver cómo se resuelven los asuntos que afectan a su vida diaria. Y cuando un gobierno empieza a confundir la comunicación política con la gestión real, el municipio entra en una deriva peligrosa.
Seguir por este camino, basado en el ruido, la autodefensa y la confrontación, solo conduce a un desgaste mayor de la confianza pública. Tarifa no puede permitirse un Ayuntamiento que actúe como si gobernar fuera simplemente contestar a la oposición. Porque cuando un equipo de gobierno pierde el rumbo, todo el municipio acaba recorriendo con él un camino cada vez más incierto y, a estas alturas, también cada vez más preocupante.



Un comentario
El sistema político actual no está a la altura de los tiempos que corren y para mí opinión deberían de trabajar para cambiar algunas leyes sobre el sistema actual. Sobre todo cuatro años se antojan demasiados, quizás a la mitad debieran de pasar por un voto de confianza y si no se aprueba a las urnas.
Ellos van cuando les interesa y cambian todas las leyes que les interesan para satisfacer sus ideales, pero la que se refiere a política no se tocan, que vivimos muy bien a costa de los demás.