Paso a paso, nunca mejor dicho, ha ido recreando con un mimo admirable cada una de las cofradías. No son simples maquetas: son pequeños latidos de tradición, reproducciones cuidadas al detalle que reflejan el alma de una Semana Santa que él siente profundamente. Y lo más bonito de todo es que no se las guarda para sí. Las comparte.

Durante años, sus obras han encontrado hueco en rincones del pueblo como la pastelería La Tarifeña, la óptica Domínguez o el estanco de la Calzada. Lugares cotidianos que, gracias a él, se transformaban por unos días en escaparates de emoción y orgullo cofrade.

Este año ha ido un paso más allá. Hablando con Pedro, de la Ferretería La Nueva, ha conseguido reunir toda la colección en un mismo espacio. Completa. Incluso con los pasos que este año no procesionan. Una oportunidad única para ver, en pequeño, lo que es tan grande para Tarifa.
Detrás de todo esto está Jesús Araujo García, conocido también por ser el alma de la pollería Aurora. Pero más allá de su trabajo, hay algo que le define aún mejor: su forma de dar. De aportar sin pedir nada a cambio. De cuidar las tradiciones desde el cariño más puro.
Porque al final, la Semana Santa no solo se vive en la calle. También se construye en gestos como el suyo. Y gracias a personas así, Tarifa no solo mantiene su esencia… la hace aún más grande.



