En vez de alzar la voz por su pueblo, el Ayuntamiento de Tarifa ha decidido conceder el título de Hijo Predilecto a Juan Antonio Patrón Sandoval, coordinador del Puerto de Tarifa desde 2012 y responsable del Área de Desarrollo Sostenible de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras. Nadie discute su trayectoria profesional ni sus méritos técnicos, son inapelables. La reflexión es otra: el momento elegido para este reconocimiento.
Porque mientras el alcalde aprueba este homenaje, el vecino queda huérfano. Tarifa vuelve a vivir el mismo escenario que lleva años denunciando este periódico, una ciudad colapsada por una operación de dimensión internacional que atraviesa literalmente su puerta de entrada, de la que además se desentiende la APBA, «lo que pase fuera del recinto no es nuestro problema» decía el presidente de la APBA Gerardo Landaluce el año pasado. Y aquí no pasa nada…damos un reconocimiento a su máximo responsable en Tarifa.
No hablamos de un episodio puntual. Hablamos de una situación que se repite cada verano y que, lejos de mejorar, se agrava. Más tráfico, más contaminación, más dificultades para acceder al centro, problemas de aparcamiento, retrasos y una enorme presión sobre una ciudad de apenas 20.000 habitantes que soporta un flujo de viajeros propio de una gran infraestructura internacional, cientos de miles de viajeros que solo van de paso, no dejan un euro, «esto parece Algeciras en 1985» me decía un amigo.
Lo más difícil de explicar es que Tarifa asuma esa carga en temporada alta y sin recibir una compensación proporcional. La ciudad soporta las consecuencias de una operación estratégica para España y Europa, pero continúa conectada por una carretera convencional y que se desmorona a ojos vista. Si uno viaja desde París hasta Tarifa, los últimos kilómetros siguen siendo, paradójicamente, los únicos precarios de todo el recorrido, el resto, autovía, pero deciden que aquí hay que embarcar…
Por eso el reconocimiento a Juan Antonio Patrón inevitablemente invita a una reflexión política. No sobre la persona homenajeada, sino sobre el mensaje que se traslada a la ciudadanía. Cuando una ciudad reclama soluciones estructurales y recibe un acto protocolario, es lógico que muchos vecinos sientan que las prioridades institucionales no coinciden con las suyas.
Tarifa no necesita confrontación con la Autoridad Portuaria. Todo lo contrario. Necesita una APBA comprometida con el municipio, un Ayuntamiento capaz de exigir lo que corresponde a sus vecinos y unas administraciones que entiendan que la Operación Paso del Estrecho no puede seguir descansando sobre el sacrificio permanente de una ciudad que soporta los costes sin disfrutar de los beneficios.
Los homenajes son compatibles con la exigencia. De hecho, deberían ir de la mano. La mejor manera de reconocer a quienes trabajan por el puerto sería conseguir, de una vez por todas, que el puerto y la ciudad dejaran de vivir de espaldas y que Tarifa dejara de ser la gran pagafantas de una operación que beneficia a medio continente.
Porque los reconocimientos dignifican a las personas. Las soluciones dignifican a los pueblos.



