Ayer Tarifa entró oficialmente en emergencia. Y no es una figura literaria. Es literal. La Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras (APBA) activó la Fase de Emergencia Nivel 1 en el Puerto de Tarifa porque la Operación Paso del Estrecho había superado la capacidad del recinto portuario.
Pero la verdadera emergencia no estaba dentro del puerto. Estaba fuera y le importaba poco a la APBA porque su jugada es «cuanto peor Tarifa, mejor para la APBA, más cerca de su objetivo final…»
Una ciudad colapsada, vecinos atrapados en su propio pueblo, visitantes incapaces de entender qué estaba ocurriendo, comercios y hoteles viendo cómo el mes que sostiene gran parte de su economía se convertía en un obstáculo para que los clientes pudieran llegar.Y sobre todo, la sensación de abandono, de ser una ciduad huérfana de líderes e incapaz de articular una respuesta inteligente.
Porque cuando el presidente de la Autoridad Portuaria recuerda que el tráfico fuera del recinto portuario corresponde a la Policía Local y a la Guardia Civil, podrá estar describiendo un reparto competencial, pero el mensaje es que llega es otro: «el problema termina donde acaba la verja del puerto. Lo que ocurra en Tarifa no me importa» (pero él decide nuestro futuro). ¿Basta ya no?
Las imágenes de ayer son difíciles de discutir.
Policías Locales completamente afanados y volcados en ordenar el tráfico generado por el puerto mientras el resto de la ciudad seguía necesitando seguridad. Un municipio entero condicionado por una operación que trasciende con mucho su capacidad. Es solo un detalle de muchos…
La pregunta es inevitable.
¿De verdad esta es la planificación que merece una ciudad que soporta una operación estratégica para todo un país? Porque la OPE podrá ser una operación de Estado, pero demasiadas veces Tarifa tiene la sensación de quedarse fuera del Estado. Es una PAGAFANTAS
Aquí llegan decenas de cientos de miles de pasajeros cada verano en pasando a 10 metros de la Puerta de Jerez, por una ciudad atravesada cual flecha por una carretera nacional, con un único semáforo, sin accesos adecuados y con unas dimensiones que jamás fueron concebidas para soportar semejante presión. ¿Basta ya no?
Desde Barcelona hasta Algeciras existen más de mil kilómetros de autovía continua, y los últimos 22 kilómetros, los que llevan hasta Tarifa, siguen descansando sobre una N-340 saturada, desfasada y que se desmorona literalmente. De locos si no fuera cierto…Y es precisamente ahí donde desemboca una de las mayores operaciones de movilidad de Europa.
La contradicción resulta difícil de explicar y más difícil todavía de asumir.
Porque la factura la paga Tarifa, la paga con tráfico, la paga con contaminación, la paga con ruido la paga con pérdida de calidad de vida, la paga con servicios desbordados, la paga con una imagen que nada tiene que ver con la ciudad que queremos enseñar al mundo. La primera impresión de quien llega ya no es la de una joya histórica, cuna de leyendas y abierta al mar.
Es la de una carretera convertida en sala de espera, vehículos detenidos, vendedores de billetes entre coches y una ciudad que parece haber renunciado a gobernar su propio espacio. ¿Basta ya no?
Y entonces surge la pregunta que nadie responde. ¿Qué obtiene Tarifa a cambio? Porque no hablamos de rechazar el progreso, ni de cuestionar la importancia de la Operación Paso del Estrecho, hablamos de exigir que un pueblo no tenga que sacrificarse año tras año sin que exista un debate serio sobre sus límites, sus necesidades y su futuro.
Lo más preocupante no es el atasco de ayer ni el que hoy habrá, lo preocupante es que empiece a parecer normal, que asumamos como inevitable que Tarifa colapse, que aceptemos que nuestra identidad, nuestra economía y nuestra calidad de vida sean el precio a pagar.
El éxito también necesita gestión, y cuando una ciudad entra oficialmente en emergencia porque ha sobrepasado sus posibilidades, quizá haya llegado el momento de preguntarse si el problema ya no es puntual, quizá sea estructural.
Guzmán el Bueno se avergonzaría, defendió esta ciudad frente a quienes venían de fuera, hoy nadie pide levantar murallas, solo tener voz, solo que el futuro de Tarifa no se decida sin Tarifa. Nuestro escudo lleva escrita una frase desde hace siglos:
«Estote Fortes in Bello». (Sed fuertes en la batalla.) Quizá haya llegado el momento de recordar que esa batalla ya no se libra únicamente con espadas, sino con comunicación, movilización y recursos para seguir defendiendo la dignidad, el modelo de ciudad y el derecho de un pueblo a decidir cómo quiere seguir siendo.
Porque Tarifa solo pide una cosa, poder seguir siendo Tarifa.



