Vivimos tiempos en los que pedir responsabilidades se ha convertido, demasiadas veces, en sinónimo de buscar culpables. Quizá por eso, cuando alguien reacciona de forma diferente, merece ser reconocido públicamente.
Hace unos días publicábamos la denuncia de una vecina que aseguraba no haber recibido el auxilio esperado por parte de la Policía Local ante un posible allanamiento de morada. Era una noticia incómoda, como deben ser todas aquellas que ponen el foco sobre posibles fallos en la gestión de un servicio público.
Lo fácil habría sido guardar silencio. Lo fácil habría sido cerrar filas. Lo fácil habría sido buscar una explicación que justificara lo ocurrido. Esta es la norma en Tarifa, bunkerizados y liderado por quien sostiene el micro…dejación de funciones.
Sin embargo, la reacción del jefe de la Policía Local de Tarifa fue otra muy distinta.
Primero llamó personalmente al vecino afectado para pedirle disculpas, en nombre del cuerpo, por la incidencia sufrida. Después quiso reunirse con él cara a cara para escuchar su versión, conocer los detalles y analizar qué había ocurrido. Ese gesto, que puede parecer pequeño, dice mucho.
Porque todos podemos equivocarnos. Ningún servicio público está libre de errores, especialmente cuando hablamos de un cuerpo que durante el verano trabaja sometido a una presión enorme, con una población que se multiplica, OPE, una plantilla que muchos consideran insuficiente para asumir esa carga de trabajo y una normativa, tan compleja como absurda y poco clara para el propio ciudadano o empresario.
Pero precisamente en esos momentos es cuando aparecen los verdaderos líderes. No los que presumen de que todo funciona perfectamente.Sino los que son capaces de escuchar una crítica, asumir que algo puede haberse hecho mal y actuar para que no vuelva a repetirse.
No tengo la suerte de conocer personalmente al jefe de la Policía Local de Tarifa, no puedo hablar de él desde la amistad ni desde una relación personal, solo puedo hacerlo desde los hechos.
Y los hechos cuentan que, tras conocer lo sucedido, no buscó excusas. Buscó al ciudadano.
En una administración donde demasiadas veces los problemas terminan perdiéndose entre expedientes, informes o silencios administrativos, encontrar a un responsable que descuelga el teléfono, pide disculpas y da la cara transmite algo muy valioso: confianza.
Y eso, como ciudadano, me tranquiliza.
También conviene recordar algo que con frecuencia se olvida.
La Policía Local ejecuta su trabajo con los recursos de los que dispone. Sus agentes hacen frente a incidencias de todo tipo, muchas veces en condiciones muy exigentes y bajo una enorme presión social. Las prioridades operativas, los medios disponibles y buena parte de las decisiones organizativas dependen de quienes dirigen la política municipal. Políticos.
Es injusto convertir siempre al agente que acude —o al que no puede acudir a tiempo— en el único destinatario del enfado ciudadano, la crítica debe servir para mejorar, no para señalar indiscriminadamente. Porque cuando una institución es capaz de escuchar, corregir y aprender, sale reforzada.
Este reconocimiento no pretende decir que todo funciona bien. No sería cierto.
Tarifa necesita seguir mejorando muchos aspectos relacionados con la seguridad, los recursos humanos y la organización de los servicios públicos, pero precisamente por eso merece destacarse cuando alguien demuestra que entiende el verdadero sentido del servicio público.
Escuchar. Dar la cara. Rectificar cuando sea necesario y convertir una crítica en una oportunidad para mejorar. Que tome nota el señor del micro, tiene grandes profesionales bajo su tutela y otros tanto a los que permite lo inadmisible.
Ojalá esa actitud se extendiera a muchos otros ámbitos de la administración.
Porque, al final, la diferencia entre una buena institución y una excelente no está en no cometer errores. Está en el coraje de reconocerlos y en la voluntad de corregirlos.



