Crean una metodología para detectar el alga invasora a través del apoyo de drones

Esta investigación es pionera en evaluar la capacidad de los sensores remotos a bordo de drones y satélites como herramientas para monitorizar el alga japonesa invasora, abriendo un nuevo enfoque para optimizar su investigación y su gestión, ha indicado el ICMAN.

Esta alga parda fue detectada por primera vez en 2015 en las costas del Estrecho de Gibraltar, y su elevada velocidad de expansión le ha permitido colonizar una amplia gama de hábitats desde los 0 a los 50 metros de profundidad. Tarifa es uno de los municipios más afectados por su invasión.

Mar Roca, investigadora predoctoral en el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC) desde 2021, oceanógrafa y científica multidisciplinar, estudia cómo los sensores remotos, entre ellos las imágenes de satélite, pueden generar herramientas con información muy valiosa para gestionar de forma más eficiente nuestras costas.

«Desde que se detectó en 2015, y viendo su velocidad de expansión, vimos la necesidad de investigar a través de satélite, para así tener un seguimiento de mayor extensión, hasta ahora se habían hecho estudios científicos muy concretos. Pero buscábamos desarrollar una red de alerta temprana, y por tanto crear una metodología más extensiva, tanto en tiempo como en espacio y que no necesitase de muchos recursos», explica Mar.

El alga se extiende tan rápido debido a las corrientes del estrecho, es por eso que la invasión en el litoral andaluz ha sido tan veloz. También cuanto más alta sea la temperatura mejor se adaptará el alga al medio. Se teme que el alga invasora se aposente sobre las raíces de la posidonia oceanica, y genere una regresión en esa planta.

¿Cómo llega el alga hasta nuestras costas?

Hay varias hipótesis. La principal es que venga revertida por las aguas de lastre de los barcos. Otra es a través de los cultivos de ostra. Este tipo de alga ya se detectó en 2002 en un lago de Francia por temas de cultivos de ostra, pero no proliferó.

Aunque no hay ningún estudio aún concretado, la primera vez que vimos esta alga fue en Ceuta en 2015, y la hipótesis que más suena es que vino por agua de lastres de algún buque comercial que atracó en el puerto.

Monitorizar el alga a través del uso de drones

La metodología de este estudio se ha desarrollado a partir de un vuelo con dron realizado el 1 de julio de 2021 en la playa de Bolonia, en Tarifa, junto a las muestras de alga recogidas y los datos hiperespectrales captados con el radiómetro de campo ese mismo día.

«En el ICMAN tenemos un servicio de drones que se llama opencam. Contamos con 5 drones, que dan servicios en la antartida y colaboran tambien con la Universidad de Cadiz», explica Mar.

El resultado de este proyecto pretende servir como apoyo de información para las instituciones. Tanto para ayuntamientos, Junta de Andalucía, puertos del Estado, y que tengan un visor de seguimiento.

«Con esta metodología hemos testeado una playa concreta y en un rango de tres o cuatro días. Una vez tengamos esta metogología desarrollada, queremos mejorarla para detectar el alga también en mayor profundiad y en aguas visiblemente ópticas, para que en futuros estudios podamos generar un visor de información público que nos detalle  la distribucion del alga en cada momento. Cada cinco días podríamos tener una imagen si no tenemos nubes», destaca Mar.

Los drones se utilizan para verificar la información que da el satélite. «El objetivo es transportar todo al satélite para que sea operacional. El potencial de esta herramienta que estamos desarrollando para la gestión en playas, es sobre todo alertar de la presencia de el alga flotante y que pueda ser recogida antes de que llegue a la playa, evitando así un mayor impacto ecologico y económico.

La idea es crear una red comunitaria en la que participen todos los actores marítimos. A nivel científico esto se desarrolla hasta tal punto, pero el sigiuente paso es legislarlo.

«Hablamos de un concepto de ciencia ciudadana. Es decir, que los propios actores que hay en el mar (turistas, pescadores..) den avisos y se unan esas alertas a nuestro visor de seguimiento. Así tendríamos alertas reportadas por satélite y por la propia ciudadanía. Una vez la información se reporte, desde ahí generar una red de recolección del alga acompañada con una financiación», comenta Mar.

¿Puede tener una segunda vida fuera del mar?

En la universidad de Cadiz ya se está investigando sobre ello. «Hay dos vías principales. Una puede servir para bio-combustibles, muy desarrollado en Reino Unido. Y la segunda pasa por comercializarla, ya que es un alga picante. En Japón existe una empresa que desarrolla Tabasco a partir de ella.

Actualmente la segunda opción no es viable por haber sido incluida dentro del catalogo de especies exoticas invasoras de la Union Europea. Esta normativa no permite que la especie se pueda comercializar. «Es una de las cosas que se está transmitiendo desde la comunidad cientifica; pedimos que se readapte esta legislación al sistema acuático, y así las especies exoticas invasoras tengan una cabida en el mercado, sobre todo si poseen una biomasa tan grande», argumenta Mar.

El procedimiento que se está llevando a cabo es enterrarla en parcelas de tierra. Pero esto no soluciona nada, al revés, genera más desgaste ambiental ya que el suelo donde se deposita queda completamente infertilizado, debido a su carácter picante.

El próximo 1 de diciembre se han organizado unas jornadas de discusión sobre la gestión del alga en Malaga. Será abierta al público, y pueden inscirbirse a través del siguiente enlace. Tienen previsto que acudan científicos, investigadores y representantes de los municipios más afectados.

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