PA: «El informe de Caritas es el mayor escándalo de la democracia»

En mi opinión este informe es el mayor escándalo de nuestra democracia. La política llevada a cabo durante los últimos años, ha aumentado la pobreza hasta límite que ya se puede considerar de emergencia social. Quizás el titular más recurrente haya sido la pobreza infantil y nuestra situación en el vagón de cola de la Unión Europea.

 

Pero leyendo solo el resumen de datos de dicho informe, vemos qué la situación de la sociedad española es de una gravedad inusitada. La pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos de este país nos sitúa al nivel de 2001, desde el año 2007 la pérdida del poder adquisitivo es del 14%, la destrucción de empleo, la precariedad, el hecho de que hoy en día el tener un empleo no garantiza un salario que” satisfaga sus necesidades y las de sus familias” como reza el Artículo 36 de la Constitución Española.

 

La variación de las cargas fiscales que incide más en los impuestos indirectos, que los directos y que aumenta las desigualdades, han producido una gran fractura social, que esta alejando a las capas altas de las bajas aumentando la diferencia, según el informe en un 30%. El recorte de derechos laborales y la precariedad están también detrás de este aumento de las desigualdades.

 

Llegando actualmente a un 26% de personas en situación de pobreza y exclusión social. Todo esto se ha visto agravado por las pérdidas de derechos sociales y de la perdida de cobertura que el estado está dando a estas personas.Este escándalo como digo debería movilizar a la opinión pública, pero sobre todo la de los dirigentes políticos, en cambio ha sido tratada con indiferencia e incluso por algunos con desprecio.

 

El caso más significativo ha sido el del ministro de hacienda señor Montoro, quien sencillamente ha pedido que no se publiquen datos como estos. Por lo visto, para este señor solo son adecuadas las estadísticas que ellos presentan o aquellas que están respaldadas por su ideología liberal, el resto debe ser desapreciada.

 

Para el señor Montoro, que las personas pasen necesidades, que pasen frio, no es una cosa que deba preocupar a un sistema de economía liberal, según el pensamiento liberal reducir el déficit y el crecimiento sea de la forma que sea, hará aumentar el empleo, y se acabará con este problema. Esto sería cierto si el aumento del empleo se hace con un aumento de los derechos laborales de los trabajadores y una subida del sueldo, que impida los salarios de subsistencia que hoy en día se intenta imponer.

 

Pero por lo visto el Sr Montoro se sintió muy indignado por que se pidiera que parte del dinero que el gobierno va a destinar a rescatar el ruinoso negocio de las autopistas, promovido por los gobiernos del PP tanto del Estado como de la comunidad de Madrid a principio de este siglo, y que ahora tendremos que rescatar con los impuestos de todos los ciudadanos, fueran destinados a paliar esta emergencia nacional.

 

Para estos nuevos liberales, el estado no está para arreglar asuntos tan mezquinos como el hambre, o el frio de sus ciudadanos, eso sería de economía centralizada, en el nuevo capitalismo, el estado debe dirigirse a salvar las empresas de los próximos al poder, las grandes compañías, los grandes bancos , que acojan en sus consejos de administración a miembros de los principales partidos. Entre los que se encuentran dichas compañías de autopistas, eso sí sin exigirles ninguna responsabilidad a los que promovieron, y gestionaron esos ruinosos negocios.

 

Esa es la nueva idea de capitalismo, un capitalismo cada vez más alejado de la democracia, en beneficio de una minoría que controlaba no solo los resortes del poder sino también los medios de comunicación, ricamente financiada por los grupos políticos, y económicos que dirigen el país, para acallar cualquier tipo de crítica social o política, e intentan rápidamente criminalizar cualquier tipo de protesta que se oponga a las teorías del nuevo capitalismo. Es significativo que solo un periódico publicara en portada los datos del informe de Carita el día siguiente.

 

La historia nos debería enseñar que cuando los ciudadanos no consideran la democracia como el régimen que pueda aportarles los derechos sociales, políticos y económicos imprescindibles para conseguir una vida digna, los ciudadanos abandonan dicho régimen girando hacia una postura más autoritaria. En Europa hemos vivido esa tragedia hace menos de dos generaciones. Y hoy estamos observadnos como esa postura autoritaria renace.Ante el peligro a este autoritarismo, aquellos que nos consideramos demócratas, hemos de apostar decididamente y dentro de nuestras limitaciones a dos objetivos fundamentales.

 

El primero no ser cómplice de un sistema que es una gangrena para la propia dignidad y supervivencia de los pueblos en libertad, rechazando las prácticas de este sistema que vende la riqueza de todo al beneficio de una minoría, que son capaces de vender los suministros imprescindible para la vida, así como la asistencia social, educativa o sanitaria a grandes compañías que encarecen rápidamente el producto y no dudan en dejar a muchos ciudadanos sin éllos. Y la segunda, al menos dentro de nuestras limitadas competencias paliar en lo posible los efectos que este nuevo capitalismo está provocando en la mayoría de los ciudadanos.

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