A apenas cinco minutos de La Calzada, por la zona del Olivar, las puertas bunkerizadas se alzan como un vestigio de otro tiempo, un paseo recomendable, sin embargo, más allá de su valor histórico y estético, hoy parecen haberse convertido en una metáfora incómoda de la realidad que vive Tarifa. Es la foto del día.
Son puertas cerradas. Como tantas otras.
Puertas que evocan esa sensación de bloqueo que muchos perciben en el día a día de la ciudad. Un Ayuntamiento, una “casa de todos” a la que, irónicamente se llega por la calle de la Amargura (literal). Y es ahí donde surge la pregunta que cada vez resuena con más fuerza: ¿por qué es tan difícil sumar en Tarifa? ¿Por qué este Ayuntamiento está sumido en la sumisión al absurdo? ¿es este el peor equipo de gobierno de la historia? ¿este que prometía «cambio» y «nuevos aires»? ¿transparencia y gestión?
Cuesta entender como se puede gestionar una ciudad con ratas en la playa, porque todas las iniciativas encuentran obstáculos, por qué parece más sencillo frenar que avanzar. Mientras otros municipios evolucionan, crecen y apuestan por propuestas que dinamizan su entorno, en Tarifa se instala la sensación de estancamiento, como si poco a poco se fuera apagando la luz.
La imagen del día no es solo una fotografía: es un símbolo. El de unas puertas cerradas a todo aquello que pueda sumar, crecer o mejorar. Y detrás de ellas, la pregunta sigue en el aire, esperando respuesta.




