Tarifa y Balearia…un sueño roto

Es la foto del día…Tarifa vive en una frontera constante: entre mares, entre culturas y, cada vez más, entre las promesas del progreso y su impacto real. La presencia de Baleària en la ciudad simboliza esa tensión. Por un lado, conecta economías, acerca personas y sostiene buena parte del flujo que mantiene viva la ruta Tarifa–Tánger. Por otro, sus incidentes, retrasos y —sobre todo— las emisiones visibles que manchan el horizonte recuerdan que el coste del movimiento no siempre lo paga quien se beneficia. La OPE 2025 sólo ha dejado en Tarifa colas, saturación y facturas varias para el tarifeño, por contra no se conocen beneficios para la ciudad en sí.

La compañía habla de futuro eléctrico, de transición verde, de barcos “en construcción” que algún día navegarán sin humo. Mientras tanto, los vecinos de Tarifa miran el puerto y ven lo contrario: motores rugiendo, humos densos, operaciones que a veces bloquean y condicionan la vida cotidiana. Es difícil creer en una transformación sostenible cuando la realidad diaria va en dirección opuesta.

Tarifa no rechaza el progreso; lo que exige es coherencia. Si Baleària quiere ser parte del futuro de este Estrecho, debe demostrarlo en los hechos: menos discurso, más responsabilidad social y operativa, más respeto por el entorno y por la comunidad que —a la vista de todos— soporta el peso del presente.

6 respuestas

  1. Esto es lo que pasa por intentar ganar a toda costa un concurso público que llevaban perdiendo años. Dicta mucho la realidad de los compromisos que aceptaron y que se comprometieron tras el otorgamiento del atraque… Baleària es la decepción que desgraciadamente esperaba, y el pueblo sufre las consecuencias.

  2. ¿De verdad la gente se piensa que dos barcos se construyen en poco tiempo? Hay que aclarar que una naviera (cualquiera de las presentadas), hasta no haber obtenido el concurso, no inicia los trabajos de construcción de buques nuevos, y eso requiere tiempo (aprox. 2 años, dependiendo del tipo de buque, astillero,…).
    No creo que se deba criticar un plan tan ambicioso, innovador y sostenible para el futuro de Tarifa, por lo menos hasta que se esten operativos los nuevos buques eléctricos y las tomas eléctricas de tierra.
    Como todos los planes innovadores, tienen un periodo de transición, que en este caso se trata de la construcción de 2 buques nuevos que navegarán 100% eléctricos (0 emisiones), lo que mejorará claramente la calidad del aire de la ciudad de Tarifa. A esto habrá que añadir la experiencia de haber operado la linea con los buques de transición, lo que hará que todo el proceso se mejore notablemente.
    Los inicios siempre son difíciles y los más afectados son las personas y economías locales, pero el cambio es por un futuro más sostenible, no me cabe duda.

  3. Con todo el respeto, este tipo de artículos simplifican una realidad que es mucho más compleja.
    Todos los barcos del mundo, de todas las navieras, emiten humo mientras operan con motores convencionales. Todos. Y los retrasos en Tarifa existen desde siempre, con cualquier compañía, porque dependen del viento, del mar y de un puerto extremadamente condicionado por la meteorología.
    La diferencia es que Baleària ha ganado el concurso por la vía de la transparencia, cumpliendo los pliegos y apostando por una transición real hacia la electrificación. Los barcos eléctricos no son un anuncio ni un “sueño”, están construidos y aquí, algo que ninguna otra naviera ha puesto sobre la mesa en esta ruta.
    Criticar hoy a Baleària por operar con barcos convencionales mientras llegan los eléctricos es injusto y poco honesto. La transición no se hace de un día para otro, pero es evidente quién ha dado el paso adelante.
    Tarifa no pierde con Baleària. Al contrario: gana futuro, inversión y un modelo más sostenible que, por primera vez, va más allá de las palabras.

  4. Da la sensación de que a algunos les molesta más que a Baleària le vaya bien que cualquier otra cosa. Quizás porque no trabajan en la empresa, o porque no forman parte del proyecto, pero eso no justifica tirar por tierra el trabajo de cientos de personas que cada día sacan esta línea adelante en condiciones nada fáciles.
    Desear el fracaso ajeno no mejora Tarifa ni el puerto, solo empobrece el debate. Aquí hay profesionales, marineros, técnicos y familias detrás de cada barco, y merecen respeto.
    Se puede opinar y criticar, por supuesto, pero hacerlo desde el resentimiento o la desinformación no aporta nada. El progreso no se construye deseando que a otros les vaya mal.

  5. Publicar una foto aislada y convertirla en un “sueño roto” dice más del enfoque del artículo que de la realidad del puerto. Informar no es buscar la imagen más fácil ni alimentar un relato negativo sin contexto técnico, operativo ni histórico.
    El puerto de Tarifa siempre ha tenido humo, retrasos y dificultades operativas, con todas las navieras que han pasado por aquí. Presentarlo ahora como si fuera un fracaso exclusivo de Baleària es, como mínimo, poco riguroso.
    Si de verdad se quiere hablar de futuro, habría que explicar por qué Baleària ha ganado el concurso de forma transparente, por qué ha apostado por barcos eléctricos reales (no promesas) y por qué nadie antes dio ese paso en esta ruta.
    El periodismo no debería construir relatos emocionales a costa del trabajo de los demás. Debería informar con equilibrio, contexto y responsabilidad.

  6. Esto no es información, es un relato construido con una clara intencionalidad. Se presentan como excepcionales situaciones que en el puerto de Tarifa han ocurrido siempre, con todas las navieras y bajo cualquier gestión: retrasos, cancelaciones y operativas condicionadas por la meteorología y las limitaciones propias del puerto.
    Señalar ahora a Baleària como si fuera el origen de todos los problemas es faltar a la verdad y al contexto histórico del puerto.
    Lo que deliberadamente se omite es que Baleària ha ganado el concurso por la vía de la transparencia, ha puesto encima de la mesa inversión real y un proyecto de futuro claro, incluyendo la electrificación de la línea, algo que nadie antes se atrevió a asumir. Los barcos eléctricos no son propaganda: son una realidad.
    Criticar es legítimo. Manipular el contexto y despreciar el trabajo de cientos de profesionales no lo es.
    El problema no es el “sueño roto”. El problema es el rigor con el que se informa.

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