El capitalismo según la RAE es un sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y la libertad de mercado. Parece fácil, pero es tanto como explicarle a un pez qué es el agua o a un humano qué es el aire. Por supuesto, la explicación del capitalismo que voy a dar, no es ni remotamente la única posible.
Al capitalismo no lo vemos, pero está, y conecta lugares impensables de China, India, Europa o Africa, estructurando toda nuestra existencia. El capitalismo en sus orígenes tuvo mucha resistencia por parte de los señores feudales y las autoridades religiosas, que no querían compartir su habilidad para explotar a los campesinos con los recién llegados comerciantes.
El capitalismo no es algo natural para el ser humano, es de hecho, algo muy extraño, y cuando vemos algo extraño en la historia, tratamos de explicarlo. En su tiempo, Adam Smith habló de la mano invisible, Karl Marx de los medios de producción y Max Weber de la ética religiosa.
Estos tres autores, y muchos otros, dijeron cosas muy importantes sobre el capitalismo, porque hicieron análisis muy brillantes sobre ese sistema canalla, cada uno en su momento histórico o particular. Pero el capitalismo salvaje de hoy es muy distinto al de sus épocas. La crisis de 1929 o la Gran Recesión de 2008, vinieron a empeorarlo todo.
Debemos entender el capitalismo desde una perspectiva global, porque desde siempre ha sido así. Su núcleo ha sido la acumulación de capital: el capital de propiedad privada es invertido productivamente para tener más capital, lo que lleva a convertir los insumos (recursos) y los productos en mercancías.
En el capitalismo hay una ideología, como la hay en el comunismo o el anarquismo, pero ésta siempre ha sido diferente según el momento histórico. El liberalismo está muy ligado al capitalismo, pero el liberalismo es reciente de los siglos XVII y XVIII, y el capitalismo ya existía desde mucho tiempo atrás.
Desde la perspectiva histórica, el capitalismo es adogmático poque puede estar en una gran variedad de regímenes políticos: Monarquías, imperios, democracias, regímenes fascistas. Hoy, algunas de las sociedades capitalistas más dinámicas están en regímenes profundamente autoritarios.
Pero el capitalismo, por si mismo, no es autoritario, es más bien proteccionista y de cerrar fronteras. Un camino peligroso, porque en otros momentos ha terminado en guerra. Este parece nuestro futuro, pero también creo que en este momento el capitalismo neoliberal puede estar llegando a su fin.
Antonio Gramsci describía las crisis capitalistas como esos momentos en los que lo viejo se muere sin que pueda nacer lo nuevo. Pero nuestro paisaje social recuerda más a un apocalipsis zombi. La economía ortodoxa y la política hegemónica son muertos vivientes que se siguen moviendo, causando toda clase de sufrimientos y emitiendo rugidos inarticulados como los de Trump.
Al mismo tiempo, problemas que imaginábamos apaciblemente enterrados como la lucha de clases, han resucitado en nuestras calles con una violencia salvaje. La buena noticia es que por primera vez en décadas intuimos la existencia de una salida de emergencia, escarpada y en parte cegada, hacia una vida mejor: más justa, libre y plena, pero que solo se puede dar entre iguales.
Así que, existe una oportunidad para pensar en nuevos futuros. No podemos volver al pasado, a 2005, como se limitarán a hacer los demócratas estadounidenses, con un nuevo orden institucional, pero dentro del capitalismo. Las elecciones del medio mandato de EEUU no busca más democracia, sino sustituir conservadores por reaccionarios.
Sin embargo, el capitalismo es muy creativo y ha cabalgado bien sobre todas sus crisis, incluida la más brutal, la de 1929. Todo el mundo ha predicho la muerte del capitalismo, pero la historia nos muestra que se adapta fácilmente. Aunque como proceso histórico que nació, también algún día tiene que terminar, siempre que sobrevivamos para verlo. Porque entre sus resultados está el mayor incremento de la productividad humana, pero también una desposesión violenta, el colonialismo, la alienación y la esclavitud.
El crecimiento perpetuo y la acumulación no son efectos secundarios del capitalismo, sino su esencia. El capitalismo requiere un crecimiento compuesto e infinito para mantener su estabilidad, mientras que los recursos del planeta Tierra son finitos. La naturaleza nos enseña que no hay un estado de crecimiento perpetuo, sino un estado de límites que comporta una colisión. Es para estar ciertamente preocupado.
Ahora, el capitalismo tecnofascista está conquistando nuevos territorios. Este capitalismo describe la convergencia entre el poder de las grandes corporaciones tecnológicas, los monopolios digitales y las formas de control social o estatal de carácter autoritario. Porque el capitalismo está en constante revolución y expansión geográfica, pero también en nuevas esferas de la vida. Nuestras abuelas probablemente cocinaban todas sus comidas en casa, hoy mucha de nuestra alimentación ya está comercializada. Los datos son una frontera nueva, algo impensable hace 15 años. También se mercantilizan.
Es impredecible que todo pueda ser comercializado.
El capitalismo es una forma de organizar la vida sin valores, ni ética. Podríamos pensar que tiene sentido, pero no lo tiene. Son absurdos sus niveles de desigualdad, los aranceles en un capitalismo de libre comercio, los efectos de la crisis de 2.008, todos ellos por razones políticas. Por eso, está llegando a su fin. No solo por la presión de la izquierda, sino también por los ataques de la derecha populista que emerge en todas partes. Pero frente a ello, hay que romper la docilidad paralizante de nuestra sociedad en crisis, regenerar la imaginación política y proyectar el futuro que queremos. No hay otra.



