Mirar más de cerca.Por: Ángel Luis Jiménez.

Después de los resultados electores del 20-D y con la constitución de las Cortes Generales (Congreso y Senado) el 13 de Enero, se acaba en este país la política fácil, el gobierno con piloto automático y la política asegurada propia del bipartidismo. El bipartidismo no solo había entrado en crisis por sus abusos en los años pasados, sino también porque nuestra sociedad se resistía a seguir entregando demasiado poder a un solo partido y además los españoles somos demasiados plurales como para caber en ese molde binario impuesto.En las pasadas elecciones generales también se ha hablado mucho de regeneración de la vida política española para solucionar los problemas del país, pero ¡oh sorpresa! los viejos partidos y la vieja política se han encontrado, sin saber cómo, que el sistema político se estaba regenerando y reorganizando desde abajo con nuevos actores políticos, nuevas actitudes y un nuevo espíritu de vivencia cívica desde el 15-M, y posiblemente desde antes.El peligro está en ganar representatividad pero perder estabilidad. Y ambas dimensiones son igual de importantes. Por tanto, urge una nueva cultura de pactos capaz de enhebrar y sostener por arriba lo que se ha venido fraguando desde abajo. Pero, ¿estarán los viejos partidos a la altura de la situación? El dinamismo presente en la sociedad española merece encontrar una adecuada respuesta en los partidos que vayan a dirigir la política de este país.Es evidente que hay pulsión de cambio y esta tiene que trasladarse a las instituciones, con los actores y las prácticas políticas nuevas sin hacer peligrar la gobernabilidad. Porque cada generación debe labrarse su propio horizonte. Y carecemos de un manual de instrucciones que nos señale con detalle las pautas que hemos de seguir a la hora de instaurar un orden nuevo. Pero parte de ese legado nos remite a un momento anterior, al inicio de nuestro sistema democrático, tan marcado por la voluntad de concordia.Así que si ahora mantenemos ese mismo espíritu no hay que temer a los resultados. En este país necesitamos una segunda transición que sirva de llave maestra para abrir las puertas a la regeneración democrática. Una gran transición en la que participen todos, desde el PP hasta Podemos y los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos, para poder acordar entre todos un nuevo consenso constitucional capaz de sustituir al ya envejecido de 1978.Pero, una cosa es segura: el nuevo Gobierno y el Parlamento que ha salido de estas elecciones tendrán que afrontar también problemas muy serios, para los que existen opciones distintas a debatir. El primer problema no será solo como mantener el crecimiento económico, puesto que en buena parte ese dato depende de factores externos, sino como recuperar a quienes han quedado en los límites del sistema, especialmente decenas de miles de jóvenes cuyo futuro se ha instalado en la precariedad y en los salarios basura. Aunque no solo los jóvenes sino también los adultos mayores de 50 años parados de larga duración y que ya han perdido las prestaciones sociales.Por eso, un elemento básico de la nueva política será considerar la injusta y desigual situación actual para luchar contra la pobreza creciente, con su intolerable corolario de talento desaprovechado. Planteándonos desde ya, cuáles son las batallas que queremos librar, pues estas son infinitas, y cuáles son en las que nos sentimos más implicados y queremos ganar, pues los ciudadanos españoles ya no pueden esperar más. Para ello necesitamos un Parlamento mucho más activo que los anteriores, donde sea posible afrontar debates no solo sobre grandes conceptos, sino sobre algo más limitado, pero mucho más efectivo: los problemas de la gente.Los políticos se empeñan muchas veces en formular grandes preguntas generales, en lugar de otras más pequeñas pero más productivas. Y sobre todo este nuevo Parlamento debe mirar más de cerca los problemas. O mirar más de cerca los derechos de las minorías contra los abusos de la mayoría. O mirar más de cerca nuestra deteriorada democracia… “Mirar más de cerca” debería ser el lema del nuevo Parlamento, porque este país ya ha cambiado para mejor.

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