Tarifa vuelve a afrontar uno de los momentos más delicados del verano. La Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras (APBA) ha activado el dispositivo especial de la Operación Paso del Estrecho (OPE) con una medida que afecta directamente al municipio: los vehículos solo podrán acceder al puerto con un máximo de dos horas de antelación respecto a la salida de su ferry. Foto archivo
El pasado verano, el presidente de la Autoridad Portuaria, Gerardo Landaluce, aseguró que su responsabilidad terminaba en el interior del puerto. Una afirmación que puede ser administrativamente correcta, pero que difícilmente entiende quien, después de recorrer miles de kilómetros atravesando Europa, llega a Tarifa y se encuentra con la puerta del puerto cerrada porque no puede acceder hasta dos horas antes de su ferry. En ese momento, esos miles de viajeros dejan de ser un problema «del puerto» para convertirse en un problema de Tarifa. Y Tarifa, una vez más, soporta las consecuencias de una operación estratégica para España sin disponer de las infraestructuras ni los recursos necesarios para asumir esa carga. Quizá haya llegado el momento de que alguien asuma también la responsabilidad de lo que ocurre al otro lado de la verja del puerto.
La restricción pretende evitar que los vehículos permanezcan durante horas ocupando el recinto portuario y aliviar la presión sobre las instalaciones. Sin embargo, la realidad es que miles de viajeros deberán esperar ese tiempo en una ciudad que, cada verano, ya soporta una elevada presión turística y unos servicios al límite de su capacidad.
Durante las jornadas de mayor afluencia, entre los puertos de Algeciras y Tarifa llegarán a operar hasta 77 salidas diarias, convirtiendo al puerto tarifeño en uno de los principales puntos de paso entre Europa y África.
El problema es que esa intensa actividad coincide con un municipio que vuelve a sufrir los mismos problemas de cada temporada: una única carretera de acceso, la N-340, condicionada además por las obras que se ejecutan en distintos tramos; atascos constantes en los accesos, escasez de aparcamientos y una notable saturación de servicios públicos y privados.
La limitación de acceso al puerto obligará a muchos viajeros a permanecer en Tarifa hasta que llegue la hora permitida para embarcar, aumentando previsiblemente la presión sobre calles, playas, establecimientos hosteleros y zonas de estacionamiento. Como es lógico, no todos quieren esperar en una explanada sin servicios. Algeciras está mucho más equipada.
La APBA ha reforzado este año el dispositivo con 750 trabajadores, una inversión superior a 2,2 millones de euros, 7.000 plazas de preembarque, nuevos sistemas de control biométrico para viajeros extracomunitarios, áreas de sombra, aseos y un sistema de cámaras que monitorizará en tiempo real la ocupación de los accesos y parcelas portuarias.
No obstante, fuera del recinto portuario, la realidad sigue siendo la misma para Tarifa: una ciudad que cada verano multiplica su población y que vuelve a asumir gran parte del impacto de una operación considerada estratégica para España y Europa.
Los días 1 y 2 de agosto están previstos como los de mayor intensidad en la fase de salida de la OPE, mientras que el retorno volverá a concentrar miles de viajeros durante la última semana del mes.
Un año más, la pregunta vuelve a estar sobre la mesa: ¿está Tarifa preparada para soportar el enorme peso de la Operación Paso del Estrecho con unas infraestructuras que hace tiempo dejaron de responder a la realidad del municipio? ¿Qué gana Tarifa en todo esto?




Un comentario
¿Preparada? Tarifa no está ni preparada para quienes vivimos aquí.
Algeciras se ha quitado un problema de encima y ahora lo sufrimos en Tarifa. Lo que unos no quieren para su ciudad, lo trasladan aquí como si no importara.
Ya no se trata solo de los atascos. El problema es el caos diario: vehículos mal aparcados, circulación sin control, falta de respeto por los pasos de peatones y una sensación constante de desorden. Salir a hacer una simple compra se ha convertido en una odisea.
Nos venden la imagen de “Tarifa, paraíso universal”, pero un paraíso también debe ser un lugar donde sus vecinos puedan vivir con seguridad, tranquilidad y unas normas que se cumplan. El turismo es bienvenido, pero no a costa de la calidad de vida de quienes vivimos aquí todo el año.