Hay días que no necesitan demasiadas palabras para ser entendidos, mejor diez imágenes….Días que forman parte de la memoria de un pueblo y que, cuando llegan, consiguen que miles de personas miren en una misma dirección.
Ayer fue uno de esos días.
A las cuatro y media de la tarde, el Santuario de la Luz volvía a ser el punto de partida de una tradición centenaria. Todo estaba dispuesto para el traslado de la Virgen de la Luz Coronada y San Isidro Labrador hacia Tarifa. Y entonces comenzó el camino.
La Patrona salió del Santuario escoltada por la Cabalga Agrícola y rodeada de una multitud que fue creciendo a cada paso. Miles de personas a pie y a caballo se echaron al camino para acompañarla hasta la ciudad.
Caballos, carretas, familias enteras, amigos, mayores y niños. Tarifeños que repiten cada año el ritual y otros que regresan para no perderse uno de esos momentos que forman parte de la identidad de Tarifa. El camino se convirtió durante horas en una auténtica riada humana.
Había quien caminaba por tradición, quien lo hacía por devoción, quien cumplía una promesa y quien simplemente quería estar allí. Pero todos compartían algo: caminar detrás de su Patrona. Entre el polvo del camino, el sonido de los caballos, las carretas y las voces de la gente, la Virgen avanzaba lentamente hacia Tarifa.
No era solo un traslado. Era el reencuentro de un pueblo con una de sus tradiciones más arraigadas.
Cuando finalmente la comitiva alcanzó San Mateo, la ciudad recibió a la Virgen de la Luz y a San Isidro después de horas de camino. Allí terminaba el recorrido, pero comenzaba oficialmente otro septiembre.
El septiembre de la Patrona.
El de las calles llenas, el de los encuentros, el de las familias que vuelven a reunirse y el de una ciudad que durante unos días cambia de ritmo para celebrar.
Ayer Tarifa no solo acompañó a su Patrona.
Ayer Tarifa caminó detrás de ella.
Y miles de pasos volvieron a demostrar que hay tradiciones que no se explican porque, sencillamente, forman parte de quienes somos.




