En una de las calles más transitadas de Tarifa, donde casi todo parece reconocible a simple vista, hubo durante un tiempo un local que desconcertaba. No porque estuviera vacío, sino precisamente por lo contrario: había movimiento, gente entrando y saliendo, cócteles en la barra… pero nadie terminaba de tener claro qué tipo de sitio era. Ni bar al uso, ni restaurante convencional. Algo en medio. “Al principio la gente tenía miedo de entrar. No sabían qué éramos”, recuerdan Antonio Simonetti y Mirko Sacco.
Ese punto de incertidumbre es, con el tiempo, lo que ha acabado definiendo a Spirit of Kanaloa. Un proyecto que no nace de una estrategia de mercado, sino de una trayectoria compartida en Londres, de años de oficio acumulado y de una idea que llevaba tiempo esperando su momento. “Queríamos abrir algo juntos sí o sí. Y siempre fue un tiki bar”, explican. Pero lo que han construido en Tarifa no responde a una copia literal de ese concepto, sino a una reinterpretación más abierta, más flexible, casi más honesta con el entorno en el que se inserta.

NO ES UN DECORADO…
Aquí el tiki no es solo una estética tropical reconocible, sino una excusa para mezclar códigos. En Kanaloa, la frontera entre bar y restaurante desaparece de forma natural. Uno puede entrar a tomar algo rápido, quedarse a cenar o alargar la noche entre cócteles sin cambiar de sitio ni de ritmo. “En muchos sitios tienes o bar o restaurante. Aquí queríamos las dos cosas”, dicen. Y esa decisión, que sobre el papel parece sencilla, es la que sostiene toda la experiencia.
No hay un recorrido cerrado. No hay una manera correcta de vivir el espacio. De hecho, lo habitual es justo lo contrario. “Puedes venir cuatro veces en una semana y hacer cuatro cosas diferentes.” La repetición no implica rutina, sino variación. Y eso, en un destino como Tarifa, donde muchos locales viven del impacto inicial, no es menor.
EL RON COMO RELIGIÓN
La coctelería actúa como uno de los ejes más sólidos del proyecto, con el ron como lenguaje propio. “El ron es nuestra pasión. Es el único alcohol que puedes mezclar entre sí”, explican, casi como quien justifica una obsesión. Desde ahí se construye una carta que busca equilibrio entre técnica y accesibilidad, donde clásicos como el Mai Tai funcionan como carta de presentación: reconocibles, pero ejecutados con precisión.
SU COCINA…a la altura de su cocktelería
En cocina, la lógica es similar. Base española, producto local y una voluntad constante de moverse un poco más allá de lo esperado. “Queremos una cocina con raíz española y un toque polinesiano.” No se trata de romper con lo conocido, sino de desplazarlo ligeramente: una tortilla que incorpora boniato y pulpo, un atún local trabajado con diferentes técnicas, unos tacos que juegan entre lo informal y lo gastronómico. A eso se suma una apertura progresiva hacia opciones veganas, integradas sin forzar el discurso. “Intentamos que todo el mundo sea feliz aquí”, dicen, sin darle más importancia de la necesaria.


Esa misma lógica de apertura se traslada al posicionamiento. Kanaloa no busca ser un restaurante de ocasión, ni un sitio reservado para momentos concretos. Funciona mejor como lugar recurrente, casi cotidiano, donde la decisión de entrar no requiere demasiada planificación. La experiencia se adapta al cliente: puede ser ligera, improvisada, o más completa, más pausada, dependiendo del momento. Esa flexibilidad —más conceptual que económica— es lo que permite que el espacio no se perciba como algo puntual, sino como parte del ritmo habitual.
Detrás, además, hay una relación directa con el entorno que va más allá del discurso. Proveedores locales, producto cercano, decisiones operativas que conectan con lo que ocurre alrededor. “Trabajamos con todo el mundo local. La fruta, el atún, las pescaderías… todo”, explican. En un lugar como Tarifa, esa conexión no es un valor añadido: es casi una condición.

El propio espacio refuerza esa sensación de mezcla. No responde a un diseño cerrado, sino a una acumulación de elementos con historia: objetos encontrados, piezas construidas, recuerdos de etapas anteriores. “Todo es muy personal. Cada cosa tiene su historia.” El resultado no es un decorado, sino un entorno vivido, con zonas que se adaptan a distintos momentos —barra, mesas, terraza, espacios más relajados— y que acompañan esa idea de experiencia abierta.
Quizá por todo eso, Kanaloa no se entiende del todo en una sola visita. Ni en una categoría concreta. Es un lugar que se construye con el uso, que se explica mejor con el tiempo y que encuentra su identidad precisamente en esa dificultad para definirse.
Y en un contexto donde casi todo intenta ser reconocible de inmediato, esa ambigüedad —bien trabajada— termina siendo su mayor acierto.
Spirit of Kanaloa entra por derecho propio con sección exclusia dentro de Tarifa Destino Gastronómico, tienes un enlace a su espacio web AQUÍ.



