La UD Tarifa afronta un cambio en su dirección tras la despedida oficial de su presidente, David Villalta Valencia, quien ha anunciado su marcha después de su segunda etapa al frente del club.
En una carta dirigida a la afición y a la estructura del club, Villalta destaca que deja el cargo con la “satisfacción de haber cumplido los objetivos marcados”, subrayando especialmente la permanencia del primer equipo, lograda con cuatro jornadas de antelación. Además, puso en valor el trabajo realizado en la cantera, cuyos equipos han regresado a categorías más competitivas, recuperando el posicionamiento del club en el fútbol base.
Sin embargo, su salida no está exenta de autocrítica. El ya expresidente reconoce que se marcha “con el mal sabor de boca de dejar un proyecto a medias”, señalando que las circunstancias le han obligado a dar un paso al lado antes de completar su hoja de ruta.
Entre los motivos principales de su decisión, Villalta apunta al “desgaste brutal” derivado de la relación con el Ayuntamiento, una situación que, según explica, ha requerido un esfuerzo constante que ha terminado pasando factura. Asimismo, asume la responsabilidad por los errores cometidos durante la temporada.
En su despedida, ha tenido palabras de agradecimiento para distintos miembros del club. Destacó especialmente el papel de Cristina Clemente, integrante de la directiva, a quien atribuye un papel clave en los momentos más complicados. También reconoció el trabajo de los entrenadores Pedro García, José Antonio Reyes, Javi Penco y Fernando Lobatón, así como el del resto del cuerpo técnico.
Villalta no olvidó a los patrocinadores y colaboradores, cuya aportación considera fundamental para la supervivencia y desarrollo del club en los últimos años. Del mismo modo, dedicó un mensaje a la afición, agradeciendo su apoyo constante tanto en casa como fuera.
El expresidente cierra su etapa reafirmando su vínculo con el club: asegura que seguirá apoyando a la UD Tarifa desde la grada del López Púa y desea éxito a quien asuma el relevo en la presidencia.
Con su salida, se abre una nueva etapa en la entidad tarifeña, que buscará dar continuidad al trabajo realizado en los últimos años.




Un comentario
Presidente con cargo o sin él, la pregunta es muy sencilla: ¿qué has hecho realmente por el club durante tu etapa? Porque hablar, presumir de cargo y llenarse la boca diciendo “soy presidente” es muy fácil, pero demostrar con hechos es otra cosa muy distinta.
A ti siempre te ha gustado el protagonismo, el ego, el aparentar ser alguien importante, quizá porque antes no lo sentías así. El título de presidente te venía grande, pero te encantaba lucirlo, hacerte notar y sentirte por encima de los demás. Sin embargo, cuando llegan los problemas de verdad, cuando toca dar la cara, asumir responsabilidades y tomar decisiones serias, entonces desaparecen las excusas, las dimisiones teatrales y las pataletas.
Ahora dices que te vas del club por desgaste, pero la realidad es otra. No te vas por desgaste, te vas porque la gestión ha sido pobre, porque has sabido más de echar balones fuera que de afrontar los problemas. Siempre lanzando la piedra y escondiendo la mano, señalando a otros para no reconocer tus propios errores. La culpa nunca era tuya: siempre eran los políticos, siempre era la directiva anterior, siempre eran los demás. Pero nunca tú.
Y no vengas ahora intentando salvar a unos y culpar a otros según te convenga, porque sabes perfectamente que con unos y con otros hacías exactamente lo mismo: presentar la dimisión como un niño chico cuando tiene una pataleta. Cada vez que algo no salía como querías, amenazabas con irte, con dejarlo todo, con hacer el drama de siempre. Eso no es liderazgo, eso es inmadurez.
Tú sabes de lechugas, de tomates, de alcauciles y de toda clase de frutas, y en eso seguramente nadie te discute nada. Pero de fútbol, de gestión deportiva, de dirección de un club y de asumir responsabilidades, ahí la cosa cambia bastante. Porque presidir no es posar, ni mandar mensajes, ni buscar aplausos fáciles. Presidir es trabajar, resolver, aguantar presión y responder cuando las cosas van mal.
Antes de señalar a nadie, deberías hacer un ejercicio serio de autocrítica. Mirarte hacia dentro y preguntarte qué has hecho bien y, sobre todo, qué has hecho mal. Porque errores ha habido muchos, y el primero ha sido creer que ser presidente era un escaparate para alimentar el ego en lugar de una responsabilidad para servir al club.
Así que menos discursos, menos excusas y menos culpar a terceros. Déjate de tonterías, baja del pedestal en el que tú solo te subiste y vuelve a la realidad. Atiende en el mostrador, muchacho, que ahí quizá sí sabes desenvolverte mejor.